RSS

Palabras que se decían

29 Ene

Por Reyes Tabares Betancort

Fuente: Recuerdos y vivencias

Juan no era tan mayor, resultaba de más edad de la que realmente tenía, alto, delgado, cara sin afeitar, ropa remendada y descalzo.Reyes tabares

Estaba sentado en una banca detrás del pajero, con un saco de fardo sobre las rodillas, y en las manos una navaja barba, porque estaba raspando un zurrón.

Ese es un zurrón parejo —le decía el compadre Tomás que llegaba por allí. Traía en la mano la cachimba abierta, llenándola de tabaco picado, que lo sacaba de una cigarrera.

—Mes y medio más o menos tenía el cabro, pero no creas, esto después de seco sabes que mengua un poco. Aquí al soco tanto rato ya me estaba quedando medio embelezado, ¿y tú cómo andas que estás “encapotado”?¿Estás arruinado?

—Lo que está a la vista no hace falta “espejuelos”, no me ves que tengo la voz tomada y tengo todo el cuerpo “arripiado”. Yo digo que si cogería airón. Pero quién está bastante “fastidiao” es Frasquito, el de seña Faustina, que casi lo mandan a las “chacaritas”.

—¿Y qué es lo que le pasó?

—Que por lo que veo fue a Soo en busca de una potranca y “naa” que empezó un “chipi-chipi” y se metió en la cantina y se jincó ” unos cuantos “tanganazos”, y tú sabes cómo es él cuando se echa tres tragos, que tuvo unas palabras con un tal Rosendo por cuestión de la potra, que si era a un precio, que si era a otro, empezaron a “regatiar” a ver si le rebajaba, y discutieron y se desafiaron, pero dicen que quien buscó cosquillas fue él.

—¡Carajo con Panchito!, es que cada vez que sale se echa la camisa por fuera, más sabiendo que tiene mala bebida, ¿así que alcanzó una buena “tuesta”?

—Vaya que si le alcanzó! Le dieron unos cuantos “soníos”, él estaba sólo y los otros eran una “jarca”.

—La verdad que cuando se echa unos pizcos es medio “bellaco ” o “bellaco ” del todo. Y la mujer siempre aguantándole la “pejiguera”, si tú la vez a ella siempre “junquiando”, para que no le falte el platito de comida a los chiquitos, y míralo a él, es un “chafarmeja”.

—Tú sabes que a él nunca le ha gustado dar golpe, toda su vida ha sido un vago.

Traquinaba por allí Dolores, la mujer de Juan, con traje cano, con puños abrochados, faltriqueras grandes, pañuelo amarrado y unas cholas de chancletas rotas por el dedo y decía que tenía una borracha en el pie derecho.

Ella era muy aseada, desde muy temprano cogía la escoba y barría todos los alrededores de la casa. La sala siem­pre la tenía limpia, con un esquinero y unas figuras que brillaban, en otro cuarto tenía una cama, el catre era de viento, ella desamarraba las tiras del colchón, metía las manos hasta las esquinas y esponjaba la paja. La cama le quedaba levan­tada cada vez que la hacía. En la mesa de noche había una palmatoria de pisa blanca y en los pies de la cama tenía una estera que todas las mañanas la sacudía y la ponía al sol.

Acababa de marcharse el compadre Tomás, ella le pre­gunta al marido:

—¿No has visto a Marcialillo por aquí?, mira qué hora son éstas y todavía no ha ido a coger el saco de hierba.

-—”Endenante” lo vi con el tirabenque en las manos alon­garse detrás de la pared, después yo no sé quién le dio un silbido y caminó por aquel monturro pa’lla.

—Él está “baluto ” todo el día, se merece una buena nalgada.

—Tampoco exageres tanto, que de un pizco haces un montón, él no es tan bellaco como lo haces, encima de que el muchacho está flaco como un “cangallo” estás “majando” siempre sobre él. Mira que eres majadera. Te ha dado en cogerle la camellita”.

—Lo que te faltaba era que te pusieras “adulón” con él y reconocieras que a veces se pone “cogotudo”.

—A ver si me avío ya con esto, para terminar este dichoso zurrón, que tengo que ir a la barbería porque ya parezco un “banega” con estos pelos.

—Es que fuiste desde allá cuando.

—Prepárame el jato en lo que yo termino esto. “Avíate”.

Dolores sacaba del cofre la muda que tenía bien dobladita, pero sin planchar, y cuando recogía la ropa de la liña, o bajo de la pared, según dónde la tendiera, la doblaba y se sentaba sobre ella.

Juan sacudía los pelos que había sobre del saco contra os tolmos que había allí.

—Aquí tienes la ropa, pero antes pon agua en un “botesico”, que tienes todo la cara “lambuzada”y sacúdete esos “ciscallos” de la chaqueta.

—Madre usted me dijo “endenante” que me “escarmenara”, dígame dónde está el “escarmenador”—le dijo Carmita, la tercera de cuatro hermanas más, que tenía aproximadamente ocho años, la cara redondilla, ojos azules, pelo largo, traje por debajo las rodillas, partido a la cintura, abrochado por detrás, sandalias blancas abrochadas con un botoncito pequeño en ambos lados, llorosa, y pelo todo desgreñado; ella le volvía a preguntar a la madre— que me diga dónde está el escarmenador.

—¿Todavía sigues así?, eres una “reinadora”.

La niña se limpiaba los ojos en los puños de las mangas y se sonaba los mocos en el refajo.

—Usted no sabe la “morretada”que me di, mire el “gallo” que me hice.

La madre separándole los pelos vio que tenía un chichón en la cabeza, la cogió de la mano, la llevó a la cocina y de una repisa cogió un pizco de sal gorda, la revolvió con agua y le lavó el golpe, cariñosamente la sentó sobre sus rodillas y trató de callarla y consolarla.

Anuncios
 
Deja un comentario

Publicado por en enero 29, PM en Recuerdos

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: