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Lo contaba mi madre

30 Ene

Por Reyes Tabares Betancort


Fuente: Recuerdos y vivencias

En la casa de César, que estaba por las ventas, hoy pro­piedad de Baltazar y Carmencita, o en lReyes tabaresa casa de Panchito que era por abajo de don Juan Armas, o en casa de Parrilla que le llamaban La Unión, que después más tarde fue el cine, se hacían bailes de timple y guitarra. También los hacían en casa de Maruca, que estaba por atrás de don Antonio Perdomo. Estos eran como algo benéfico, porque el dinero que recaudaban era para ayuda de los enfermos de pulmón.

En esos bailes, cuando un hombre pretendía a una mujer, él era quien lo organizaba dejando una silla vuelta de espalda para la pretendida. Pero si esa mujer ya tenía otro pretendiente, a ese baile no asistía ella.

Ponían a un portero con una vara en la puerta. Cuando bailaban dos piezas el portero iba tocando y los que estaban salían para que entraran otros, así se iban turnando y espe­rando fuera, y si algún hombre quería cantar le dejaban entrar, y cuando terminaba salía otra vez hasta que le tocara.

Los bailes eran sueltos, después más tarde vino la isa agarrada. Los padres no dejaban ir a las hijas hasta no tener los dieciocho años, les decía que los bailes no se terminaban, tampoco las dejaban ir solas. No había otra salida de diversión.

Se mociaba o enamoraba los domingos y lo hacían desde los postigos de las puertas o ventanas y hasta de las ventanas de los sobrados. Un tiempo después cuando entra­ban a la casa lo hacían en sillas separadas por una mesa.

En esos bailes improvisaban cantares a las pretendidas, muchos de los cuales eran contestados por las mujeres.

Estas son algunas de las coplas que se cantaban en esos bailes, según me contaba mi madre:

No me olvides, no me olvides,
que yo no te olvido nunca,
porque si yo te olvidara
la muerte tendría la culpa.

– Ayer te vi, hoy te veo,
mira que tiempo no va,
y a mis ojos le parecen
que años han pasado ya.

Con el corazón te llamo
y tú no quieres venir,
vaya un corazón duro
como tienes para mí.

Y este se lo cantaba don Blas a Concha cuando la estaba pretendiendo:

Yo vi una concha en el mar
y una concha fue mi cuna,
al no casarme con Concha
no me caso con ninguna.

Estos otros los cantaban algunas mujeres que se enamo­raban del mismo hombre:

A mi contraria que coma
que no se deje morir,
que cien años que yo viva
le doy huesos que roer.

Y luego le contestaba la otra:

Contraria mía, contraria,
contraria no soy de nadie,
que mientras que yo esté soltera
mi amor anda por los aires.

 Y uno de los más que me gustaba de los que ella me decía era éste, que lo compuso después de muchos años de casada, ya mi padre muerto:

Día de San Juan bendito
día triste para mí,
porque se llamaba Juan
el amor que yo perdí.

A mi madre le gustaba mucho cantar, muchas veces la sorprendía haciéndolo cuando fregaba o traquiniaba en la casa y no cuando joven, sino bastante mayor; yo al escu­charla me paraba en el callejón porque era un encanto oírla con aquellas preciosas isas o folias, que con tanto sentimien­to y oído sabía cantar.

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Publicado por en enero 30, AM en Recuerdos

 

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