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¿Me conoces mascarita?

30 Ene

Por Reyes Tabares Betancort

Fuente: Recuerdos y vivencias

En los Carnavales se hacían bailes en el Casino, tres días seguidos; domingo, lunes y martes de CRecuerdosarnaval.

A la siguiente semana era Domingo de Piñata. La piñata era grande, la colgaban en el centro del salón y cuando que­rían romperla, tiraban por unas cintas de muchos colores, de las que sólo una de ellas la rompía. Eso lo hacían según estaban bailando y caía sobre las cabezas mucho confeti; los caramelos que también caían se desparramaban por el suelo y la gente aglomerada se tiraba a cogerlos.

Los muchachos compraban paquetitos de confeti y se los tiraban a las muchachas, ellas, que llevaban aquellos pei­nados muy estofados y los moños grandes, se les llenaban de tanto que le tiraban. Los muchachos se ponían en el cuello cintas de papel de muchos colores, sombreros en la cabeza o algún que otro antifaz.

En esos días solían revestirse mucho las personas, solas o en grupos e iban a casa de los vecinos y conocidos, era la graciosa máscara por su vestimenta, lo que hacían y decían. Muchos se ponían una sábana envuelta y decían: “¿Me cono­ces mascarita?”.

Luis, vestido de mujer, con un sombrero de paja y los labios pintados hasta la nariz, se montaba en un caballo y no paraba de reírse, tocando en las puertas de los conocidos para que le dieran un vasito de vino, y terminando el pobre cayéndose del caballo.

Lala, la de María, se disfrazaba con el mono verde del hermano, que estaba haciendo el servicio militar, ella se lo ponía y lo rellenaba todo de paja de cebada y con un palo grande en el hombro, se andaba medio pueblo, subía los escalones del Casino y hablaba con los que estaban allí fuera y la gente se reía, la seguía un montón de chinijos y ella cru­zaba la tierra de Margarita y los muchachos la seguían. Con el alvorinco de todos y de Camilo, que también estaba, las cabras de Catalina se les soltaban porque la escandalosa comi­tiva pasaba por el mismo corral.

María, la de Marcial, se iba a disfrazar a la choza del Quintero para que no la vieran salir de la casa y no la cono­cieran.

“Josefillo” Perera siempre se disfrazaba de viejo, la ropa de dril con remiendos en la rodilla, cachorra y bastón en la mano temblorosa. Caminaba igual que un hombre bastante mayor, en los labios llevaba un cigarro Progreso, todo mo­jado, y en el bolsillo de la chaqueta, la cachimba y la ciga­rrera con tabaco picado.

Los días de Carnaval solían comer sancocho de papas nuevas, blancas o montañesas, con sal gorda por encima, pescado frito y mojo de cilantro, sin que faltara el gofio amasado en el zurrón, con trozos de queso, arroz con leche y lo más típico de esos días: las torrijas de Carnaval.

Después del Carnaval entraba la cuaresma y daba cierto reparo ir a los bailes, porque era como algo feo y pecaminoso. Como alternativa estaba el cine de Parilla, con sus largos bancos. Dicen que antes de que fuera cine allí se hacían bailes y  que le llamaban La Unión.

Tiempo después estaba el cine del cura, don Daniel. A éste asistía mucha gente. Cuando las muchachas acudían con los novios era de necesidad que les acompañasen las madres, y si la película tenía más de un rombo no las dejaban ir.

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Publicado por en enero 30, PM en Recuerdos

 

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