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Noche de San Juan

30 Ene

Por Reyes Tabares Betancort


Fuente: Recuerdos y vivencias

Malvarosa, romero, sándalo, malvafina, clavellinas y rosas, ésas eran las hierbas y las flores con que se lavaban la cara el día de San Juan. La malvarosa se iba a buscar a Juan Bello y las demás solían tenReyes tabareserlas plantadas detrás de las casas si tenían un huerto; también las había en los patios al lado del brocal del aljibe, aquéllos adonde subían unos escalones de piedra.

Josefina, la de Claudio, tenía un romero grande y los muchachos le iban a pedir un gajito. Se compartían unas con otras para que a nadie le faltara ninguna de esas plantas.

Se decía que quién se lavara con esas flores mantenía por mucho tiempo la cara fina y olorosa. Las hierbas y flores se dejaban puestas con agua en una palangana grande o un lebrillo, y esa noche, víspera de San Juan, se dejaba al sereno y por la mañana todos iban a lavarse la cara. Hoy todavía mucha gente lo hace. (Mi madre contaba que una vez encontró las flores secas porque el perro se bebió el agua).

Se decía que esa noche era mágica. Las muchachas mozas hacían varias cosas en la noche del veintitrés de junio.

En las flores de los higos picones a medio abrir, era que en cada uno fijabas un nombre de los chicos que te gustaban, o que pretendías, y el primero en abrir, ése era tu elegido.

El día de San Juan salías a la calle y al primer mozo que encontraras, con ése te casabas.

Al mirarte por la mañana en el aljibe, si veías tu sombra no morirías en ese año, y si no lograbas verte, era lo contrario.

Hacías tres papeles con los nombres de los que te caían bien, de los que te gustaban, y los envolvías y los metías en una taza o plato con agua, y el más abierto que amanecía, ése era el elegido; pero igual, ese que amanecía más abierto, era porque no lo cerraban o doblaban muy bien con toda la intención. Yo recuerdo que algunas lo hacían así.

Las claras de huevos que ponían al sereno, si se veía que tenían forma o parecido a un barco, se casaban con un marinero; pero si tenía forma de aperos de labranza les tocaba un campesino, lo cuál era lo más habitual.

La gente mayor, los campesinos, ponían un trozo de tabla con doce montoncitos de sal, que eran los meses del año, y el montoncito más derretido que amanecía indicaba el mes más lluvioso, o cuando se recogería buena cosecha.

Se hacían muchas hogueras, los muchachos y mucha­chas saltaban sobre ellas, unos detrás de otros. Todos conta­ban a la una, a las dos, a las tres… para ver las veces que lograban saltar.

Iban de hoguera en hoguera, para ver cuál era la más grande, muchas echaban un espeso humo, porque les ponían alguna goma de camión, pues goma de alpargatas o cholas tenían todas.

Así, hasta las tantas de la noche, cuando las hogueras se iban apagando, se marchaba cada cuál para su casa y se metía en la cama sin bañarse. Algunos lo hacían al día siguiente si iban a la playa.

La víspera de San Antonio, San Pedro y San Marcial también, se hacían hogueras, pero cuando más se hacían  era esa noche mágica, la noche de San Juan.

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Publicado por en enero 30, AM en Recuerdos

 

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