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Un día especial

30 Ene

Por Reyes Tabares Betancort

Fuente: Recuerdos y vivencias

 Llegaba la fiesta del pueblo, la fiesta de nuestro patrón San Bartolomé. Eran días alegres, de deReyes tabaresscanso, de familia, de algarabía popular. Días de compartir, porque entre todos había que hacer la fiesta y verse todos juntos. Sentían la necesidad de conocerse mejor y estar más unidos, de pres­tarse sus cosas, de ayudarse mutuamente, porque todo eso es ser un pueblo, hacer fiesta. En estas fechas había aires y olor a fiestas, sus casas era albeadas con cal blanca, traída de la calera, comprando media fanega en casa de Manuel “Herrero” o casa seña María y la escoba de albear en la lonja de Rafael “Carrera” y María Cordobés, que estaba un poco más arriba de la Esquina Parra, por allí por las ventas. Había olor a tela nueva, era el día de estrenar el traje, llevar la tela a la costurera, a casa de las hijas de don Tobías (eso se lo oía decir a mi madre) o de la seña Nieves (o las Nievitas, porque así se le conocía). A casa de Dolorilas, la de Lola, o las hijas de Manuela, o las de Domingo Corujo. Los ternos de los hombres eran en casa de seña Cristina, Anastasia y algunos los llevaban a algún sastre en Arrecife, para que lo pudieran terminar para el gran día de San Bartolomé.

Tenían que traer las cepas de Chimidas o Juan Bello para preparar el amasijo, limpiar bien la amasadera y hacer aquel rico y oloroso pan y las tortas de millo. Tampoco podía faltar para ese día el pan de rey, la mistela o la copita de anisao. Se respiraba a fiestas, Rafael “Zapatero”, que era el sacristán, dejaba las punteras a medio poner, eran las doce del mediodía, había que repicar las campanas ocho días antes de la fecha del Santo. También se oía la descarga de voladores, todo era pregonar, pues estábamos en fiesta. Eran días alegres, de folklore y los timples y guitarras, dejaban so­nar las bonitas coplas, cantadas y bailadas por la agrupación Ajei, nacida a principios de los años 40. Vaya mi mejor y sincero recuerdo para todos sus componentes desaparecidos y para los que aún viven, con los cuales pude compartir esos ratos alegres, porque también pertenecí a dicha agrupación, dirigida por don José María Gil, un hombre dotado de unas cualidades extraordinarias.

No podía faltar el teatro de las fiestas con doña Lola Ferrer, Eulogia González con su “Raíces del Pueblo” que así se llamaba el grupo, y ya en víspera de las fiestas la recuerdo preocupada, para que la comedia estuviera bien ensayada, preparando todo lo que hiciera falta, pidiendo la cofia de la criada, la sotana del señor cura, el terno del señorito y el tro­zo de cortina para el escenario, pues quería tenerlo todo a punto para que no faltara el teatro de las fiestas. Esos días se vivían con mucho entusiasmo y alegría; el paso de los gigan­tes y cabezudos, la diana floreada, donde participaban niños y mayores, escuchar el repique de campanas, ver las banderitas de colores, los ventorrillos de palmas, alumbrados con el petromax, las ruletas en la plaza.

El día de San Bartolomé se estrenaba toda la ropa, la gente mayor llevaba mantilla negra, la que no lo era tanto llevaba velo de tres puntas de blonda, las muchachas velos de cuatro y las más pequeñas, unos redondos. Eran de batista los trajes de las muchachas pequeñas, bordaban las capas a mano y las mocitas lucían las “toreras de nacotillo”. Llevaban los botones forrados, le daban un trocito de tela a alguna revendedora conocida que iba al Puerto para que se los forraran, porque era allí donde lo hacían.

Se estrenaban los zapatos, siempre se compraba un número más, para que le sirviera durante todo el año. Se preparaba toda la ropa, bien puesta sobre una silla, se almi­donaban las enaguas con la plancha de carbón o los hierros, que se calentaban sobre la cocinilla de mecha. Se preparaba la licorera y se llenaba de mistela con unas copitas que parecían dedales, de pequeñitas que eran. El pan de rey se partía en trozos y se ponía en un azafate.

En esas fechas lavaban la lana de las almohadas y los colchones de muselina y, a éstos últimos, los volvían a llenar de paja recién trillada. Tenían que guindar muchos baldes de aquellos profundos aljibes, con brocales de piedra o madera. Y la soga del balde se partía, y mi madre me man­daba corriendo a pedir el garabato a casa de Estanislao para  sacarlo. Rebuscaba en el fondo del aljibe y movía el garabato hasta lograr enganchar el balde.

Tenía que arreglar el regador que se salía a chorros, para darle agua a aquellas frondosas chocheras que estaban en la esquina del patio. Mi padre lo llevaba a casa de Murillo para soldarlo. El era de la Villa y tenía la herrería al lado de Juan Cartas, un poco más debajo de casa de Gervasio, en la calle Travieso, hoy Margarita Martín.

Los lebrillos se lañaban en casa de Pepe o Manuel, lo mismo se hacía con las macetas cuando se rompían.

La comida del día de San Bartolomé era especial, siem­pre comían carne. Mataban cabras, corderos y algún cochi­no. Si ellos no eran muy amañados, venía el marchante y los mataba. Hacían frituras y morcillas el día que sacrificaban el cochino y la carne que le sobraba la ponían en barricas con bastante sal. Los domingos sacaban un trozo para el puchero.

El día de la función se llenaba la iglesia de gente, las autoridades se sentaban en el primer banco, venían todos los curas de la isla y cuando terminaba la función y la proce­sión, se iban a comer todos juntos.

La gente de Mozaga no faltaba nunca ese día, igual que todos los domingos venían a misa, y se cambiaban las cholas por los zapatos en casa de Lola Benasco y las dejaban allí hasta volver otra vez para arriba, pues volvían a cambiarse, porque se iban caminando.

Las madres ese día daban un poco más de dinero. Mi madre me daba un real y lo guardaba en un monedero de plexiglás, para después de la misa, comprarme una criatura o un “purrelí” en casa de Manuel de León.

Muchos llegaban a sus casas con los zapatos en las manos, porque les molestaban y le hacían borrachas.

Cuando ya estábamos todos en la casa, dispuestos para comer, mi madre ajetreada, preparaba con esmero la exqui­sita comida para ese día tan especial.

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Publicado por en enero 30, PM en Recuerdos

 

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