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El día del bautizo y la última

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Al llegar los padrinos y los convidados después del bautizo se tomaban unos buenos tazones de espeso chocolate con bizcochos y bollitos de refres­co. A la madre le daban sus copitas de anisado y tazas de caldo de gallina gorda (era costumbre regalar gallinas a las que daban a luz). Por la noche se iban reuniendo los convidados. Si no había luto en la familia se organiza­ba un baile con cuatro o cinco parejas, según la capacidad de la sala. La recién parida presidía la fiesta sentada en la alta cama, como una reina trigueñamente hermosa, con la serena palidez mate de la mujer que ha sido madre recientemente.

Los jóvenes y los viejos se van animando con los tragos de ron del bue­no de Cuba o de ponche hecho en casa. Las mujeres, muy pocas, se toman sus vasitos de “Mallorca” (anisado). Los padrinos, ella y él, reparten a me­nudo puros y dulces acompañando las copas. Asistí, siendo niño, a una “última” y la madrina sacaba para las invitaciones las cestas con bizcochos lustrados, bollitos de harina y manteca de cerdo también lustrados y “tro­zos”, unos bizcochos cortados como los rombos que hoy vemos en televi­sión. “No todo tiempo pasado fue mejor, pero todos suspiramos con nos­talgia al recordarlo “.

 

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