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1997

volverPREGÓN DE LAS FIESTAS DE  “SAN BARTOLOMÉ ” 1997

                    Por MARÍA DE LOS ÁNGELES CABRERA FERRER

Sean mis primeras palabras de agradecimiento a la Comisión de Fiestas por el alto honor que me confiere al designarme pregonera de estas efemérides que hoy se inicia. Responsabilidad que asumo desde el inmenso amor que profeso por mi pueblo.1989-mº angeles-1

Nos disponemos, con mucha alegría, a vivir intensamente unos días de júbilo y regocijo.

Ya se respira el ambiente de jolgorio que acompaña siempre a los grandes acontecimientos.

Es tiempo propicio para la reflexión, en el que cada uno hace un balance y analiza lo que debe conseguir y superar.

Celebramos gozosos los actos en honor al Apóstol San Bartolomé.

Mayores, jóvenes y niños nos apresuramos a deleitarnos en unas jornadas de fuerte actividad en las que el recuerdo de unos y la curiosidad de otros se hace patente.

Todos queremos colaborar, saborear los hábitos y costumbres que nos legaron nuestros-antepasados.

Siento un cariño especial por este pueblo y su gente.

Situado en el centro de la isla, San Bartolomé se levantó cuando el jable lo ahogaba. No murió -como el Ave Fénix- para renacer de entre sus cenizas. Dejó libre paso al río de desiertos que desde Famara llegaba a Playa Honda, con el viento a ras de tierra, enterrando las primeras casitas que se hicieron a la sombra de la Montaña Mina.

Su emplazamiento actual es una consecuencia del fenómeno antes mencionado, y, ¿Por qué no decirlo?.. Gracias al esfuerzo titánico de sus moradores que supieron hacer fértil una tierra yerma, depositando en ella la semilla de la abnegación. Creció en una encrucijada de caminos, entre Teguise, Tías y Arrecife, en un altozano desde el que se divi­san las laderas que suavemente se inclinan hacia la costa.

En San Bartolomé nos recreamos contemplando el mar, ese océano que nos trae alegre brisa y nos hace soñar con otros horizontes.

Agricultura, trabajo y solaz, se pueden disfrutar en nuestro pueblo noble y hacendoso que hace un alto en sus tareas cotidianas para participar del atractivo de un variado programa, cuando en la viña maduran las uvas que dan un vino exquisito. El embriagarnos de sano esparcimiento nos lleva a recordar a quienes marcaron hitos en el devenir de nuestro relato.

El Mayor Guerra, cuya mansión rescatada y restaurada, forma parte del acervo cultural que se proyecta a un futuro esperanzador y dichoso.

Don Francisco Guerra Clavija y Perdomo fue el que promovió el expediente para la creación de la Parroquia bajo la advocación del Santo de su nombre y que tuvo lugar el dos de Abrir de mil setecientos noventa y seis, siendo el primer párroco su hijo Don Cayetano Guerra Perdomo.

El pasado año celebramos, con gran solemnidad, el bicentenario. Doscientos años que han sido el gran argumento del apogeo religioso y social, conscientes de que al fundirse fortalecen y revalorizan la personalidad de los pueblos.

Desde los Morros hoy podemos admirar un San Bartolomé en todo su esplendor. Sus calles y plazas, limpias y cuidadas, se engalanan con primor durante las fiestas. Las palmeras que las adornan, debidamente podadas, lucen preciosas extendiendo sus brazos en un alarde de esbeltez y armonía.

El folklore ha ocupado siempre un lugar promi­nente, encontrándose-vivo con un porvenir asegura­do. Los hijos de San Sartolomé han sabido conservar esta rica tradición renovándola durante varias generaciones, pero manteniendo fiel la pureza de sus raíces. En estos días sonarán con más fuerza, si cabe, los acordes de laúdes, timples y guitarras, trayéndonos a la memoria ocasiones entrañables y haciéndonos vibrar de emoción.

Llega la romería, tan sencilla y llena de tipismo, participativa y singular en la que se ofrece al Patrono los frutos de la tierra cultivados con mimo y esmero.

Preparémonos para recibir a aquellos amigos y parientes que de lejos acuden a departir durante estos festejos tan gratos instantes. Abramos nuestra casa al forastero haciendo gala de la hospitalidad que nos distingue. Que a su regreso pueda llevar consigo el placer de haber compartido la amistad y el cariño sincero.

Dispongámonos a revivir aconteceres de la infancia que, a pesar del tiempo, dejaron huellas imperecederas.

Es momento para rememorar a aquellas personas que un día gozaron de las fiestas y aportaron tanto al auge de las mismas y que hoy ya no nos acompañan. Mi recuerdo sentido para el gran amigo, y Alcalde de San Bartolomé, Antonio Cabrera Barrera, que con su tesón, voluntad y buen hacer contribuyó notablemente al desarrollo de este Municipio.

Deseo que la cordialidad siga siendo el valor principal que nos ennoblezca y que la cordura nos mantenga Unidos, sólo así podremos marcar pautas de comportamiento que nos sitúen en la cima de la Historia de Lanzarote.

María de los Ángeles Cabrera Ferrer. 1997

 

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