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2000

volverPREGÓN DE LAS FIESTAS DE  “SAN BARTOLOMÉ ” 2000

                    Por SILVANO CORUJO RODRÍGUEZ

Antes que nada, quiero dar las gracias a quienes, dentro del entrañable pueblo de San Bartolomé, han distinguido a este paisano con el inmenso honor de pregonar las fiestas patronales San Bartolomé 2000.

Quiero, también, manifestar con satisfacción mi agradecimiento a los que aquí, en el pSilvanoCorujoueblo, me enseñaron a expresarme y a mirar de frente a la vida con optimismo y dedicación.

Lo digo, desde este magnífico marco, convencido y emocionado. Porque, tengo claro, han sido mis vivencias en San Bartolomé las que han marcado mi vida con un estilo, que, si bien estaba impregnado de austeridad y dureza, nunca estuvo falto de afectos y alegrías.

Es mi misión, como pregonero, publicar, con solemnidad, en alta voz y a los cuatro vientos, la inminencia de grandes eventos, festejos y celebraciones en honor del Santo Patrón.

Proclamo las fiestas de San Bartolomé, pueblo del El Lajar, El Cascajo, El Jable y Las Calderetas, el del agosto ventoso y cielo claro: allá, arriba, Libra, Escorpio, Sagitario…. y, en el horizonte, la luna entera. ¡Quién pudiera contemplarlo tendido en las gavillas de la era!

Hoy, tal como ayer, anuncio Antevísperas, Víspera, Día, Tarde y Noche de San Bartolomé. Con toda probabilidad, un psicoanálisis de las fiestas nos llevaría a encontrar en ellas el llamado complejo de la momia. Con la momificación se procuraba la perennidad material del cuerpo, para, de esta manera, satisfacer una necesidad fundamental de la psicología humana: escapar a la inexorabilidad del tiempo.

Las fiestas nos recuerdan y refrescan lo que somos. El olvido no es más que la victoria del tiempo sobre la existencia.

Antevísperas de San Bartolomé, de fachadas blancas, albeos, pinturas, olor aguarrás y espera.

Al rememorar la tradición y las costumbres, logramos un objetivo genuino e inconsciente: congelar el tiempo, entidad confusa, principalmente, porque desconocemos su naturaleza.

¿Es el tiempo una cosa, una apariencia, una idea, o simplemente una palabra? El pasado no vuelve a ser, el futuro todavía no es, y el presente” por definición, ha dejado de estar presente tan pronto como vino a ser, de modo que ¿cómo puede el tiempo tener existencia?

Sin embargo, el tiempo envuelve la totalidad de las cosas, como un siempre vago límite entre dos formas de la nada; por un lado, el pasado, lo irrepetible, lo inmutable, lo que sólo puede ser recordado, y, por otro, el futuro, lo impredecible, aquello que no puede ser recordado.

Víspera de San Bartolomé, de noche fría, de Carrozas, fuegos artificiales, casetas, ventorrillo s, dulces y golosinas.

Según la ciencia, hace unos 15 mil millones de años, después de haber comenzado con una gran explosión inicial, el universo, demasiado caliente entonces, no podía albergar la vida.

Lo que nos hace inteligentes es, precisamente, la capacidad de recordar. La memoria es condición necesaria para el entendimiento.

Día de San Bartolomé, de voladores, gigantes y cabezudos, de zapato nuevo y ropa a estrenar; de calor y helados. Día de Función, incienso, gregoriano, armonio y violín; de sermón bien predicado y curas de afuera. Día de procesión, foto, paseo y banco; de comida buena, en familia y con invitados.

Ni la cosmología ni la física se oponen a que las cosas, por lo que se refieren a la memoria, pudieran ser de otra manera. ¿Por qué no podríamos recordar el futuro en vez del pasado?; eso sí, siempre y cuando se respete lo invariante: los gozos se refieren, sin solución de continuidad, a lo pasado. Y, si alguna vez, lo futuro se nos aparenta gozoso lo es en virtud de la posibilidad de ser recordado.

Tarde de San Bartolomé, de envite, bolas y luchada, de carreras y gymkhana, de teatro y de cine.

Con las fiestas nos transformamos en el Homo Ludens, un estado distinto y, en mi opinión, superior, al Homo Sapiens y al Homo Faber; porque, se sabe, científicamente, que la pintura, los juegos, la poesía, la música, el teatro, son los recursos que, al rebasar i. los límites cotidianos de la realidad, siempre repetitiva y, en apariencia, constantemente monótona, nos permiten paladear, percibir y degustar los gozos que nos hacen sostener que la vida merece el precio de ser vivida.

Noche de San Bartolomé, de baile, del adiós y la magua, de amanecida y San Ginés.

Recientes observaciones cosmológicas indican que el universo se expandirá por siempre y que, por tanto, llegará un momento en que se habrá hecho tan frío y tan ralo, que la vida inteligente, por mucho que lo sea, habrá perecido.

En efecto, los seres inteligentes se habrán extinguido, a no ser, dicen los científicos, que éstos dispusieran de memoria permanente, de un sistema de memoria en el que perdurasen, por siempre, los recuerdos.

Rememorar la tradición y las costumbres no sólo atañe a la psicología. Es algo intrínseco a la materialidad de las cosas.

La capacidad de refrescar las tradiciones es condición necesaria y suficiente, para la permanencia de seres inteligentes en el universo.

Mientras elaboraba el pregón, me vino a la memoria uno de mis primeros recuerdos sobre San Bartolomé. Contaba Rafael, mi abuelo, que fue un día del siglo XIX, cuando, procedente de Cuba, llegó al pueblo la imagen titular de nuestro Santo Patrón, y que, al ser desembalada y contemplarse, alguien gritó con fuerza: ¡Por fin tenemos Patrón!

Tenían Patrón y, después de muchos lustros, seguimos teniendo Patrón. El Apóstol San Bartolomé ha sido, ¿quién lo duda?.. auxilio y guía a través de los años, ¡para eso es el Patrón!

Pido al Santo, para concluir, que, en nuestras memorias y en las de nuestros hijos, perdure el recuerdo de las cosas más gozosas: la seguridad del calor y el afecto, la aventura de crecer, el orgullo de ser, y la emoción de querer y ser querido.

De cualquier manera, nosotros, las gentes de San Bartolomé, pase lo que pase, teoricen físicos o discurran cosmólogos, siempre tendremos la Montaña Mina, los Morros, la luz de nuestro Cielo, la soledad del Monte y la brisa del Mar.

A todos, a paisanos y a visitantes, de corazón, les deseo unas recordadas fiestas San Bartolomé 2000.

¡FELICES FIESTAS!

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