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2010

volverPREGÓN DE LAS FIESTAS DE  “SAN BARTOLOMÉ ” 2010

            Por   FRANCISCO GUTIÉRREZ RIQUELME

Sr. Alcalde de San Bartolomé, Sra. Presidenta de la Comisión de Fiestas, miembros de la Corporación Municipal, vecinos y vecinas de San Bartolomé, amigos y amigas:

Si yo empezase ahora a decir que “es un honor para mí pronunciar este pregón de inicio de las fiestas de San Bartolomé” o que “agradezco a la Comisión de Fiestas la distinción con la que he sido objeto”, muchos de ustedes pensFrancisco Gutierrezarían, y con razón, “esto ya lo he oído antes” y “que poco original es este tío”.

Pues bien, siendo el honor verdadero y mi agradecimiento grande, permítanme que comience este pregón a modo de cuento.

Hace bastantes años, no diré cuantos, y ustedes entenderán las razones de este ocultamiento cuando escuchen el relato completo, un conejero de aquí, de San Bartolomé, de nombre José Antonio Martín Corujo, con el que muchos de ustedes han tenido el placer de compartir hace poco tiempo la presentación de su magnífico libro de cuentos e historias, “En tiempos de los buscadores de esperanza”, en la Cas Ajei, se desplazó con su familia a vivir a La Palma, donde entabló una entrañable amistad con un niño palmero de su misma edad, convirtiéndose en amigos y compañeros de estudios y, naturalmente, de parrandas.

Aquel muchacho palmero, un tanto retraído y que no había salido nunca de su isla, no conocía más paisaje que las brumas de la cumbre, los verdes de las plataneras, pinos y tilos, los barrancos que surcan la isla y las corrientes de agua en el fondo de la Caldera de Taburiente.

José Antonio, por el contrario, era parlanchín y, como ha demostrado después en su libro, un gran narrador, y así fue contándole al chico palmero como era su Lanzarote. De esta forma, entre clase y clase, paseo y paseo, parranda y parranda, el muchacho palmero fue conociendo con los ojos de la imaginación adolescente como eran los tubos volcánicos, los jameos, las coladas de lava y los volcanes; hasta veía en su mente el chorro de vapor de agua que se eleva majestuoso en la montaña del fuego. En su imaginación pintaba, con lo que le decía su amigo lanzaroteño, unos paisajes totalmente distintos de los verdes de su isla, pero igualmente atractivos y atrayentes, y se preguntaba que es lo que podía diferenciar, en cuanto a la población se refiere, a un mago palmero de un mauro conejero.

Con los años, aquel muchacho palmero, una vez terminados los estudios vino en 1987 a vivir y ejercer la medicina a Lanzarote, y comprobó que lo que su amigo conejero le había contado y lo que él había grabado en su imaginación, no llegaban ni con mucho a la belleza sin limites de un paisaje único y privilegiado y a una Naturaleza que, en toda su fuerza y esplendor, recuerda al hombre su pequeñez.

Y se enamoró de Lanzarote, y se enamoró en Lanzarote donde fundó su hogar, en San Bartolomé donde fue acogido con la nobleza y hospitalidad que es propia de sus gentes.

Aquel muchacho palmero que vino a vivir a Lanzarote hace 23 años, es hoy un batatero más y, con su esposa, como no podía ser de otra manera, ha tenido dos hermosos hijos, que, llevan con enorme orgullo su condición de batateros.

Queridos amigos, aquel muchacho palmero, que hoy ya no es tan muchacho y peina canas, pocas también, soy yo.

Esta satisfacción que yo les manifiesto por ser un vecino más de San Bartolomé, se lo transmito a ustedes con el mismo ánimo abierto que siempre he encontrado en este municipio, donde sus gentes, cargadas de nobleza, son personas acogedoras, guardianas de sus costumbres, orgullosas de sus tradiciones y tranquilas en su quehacer diario, rectitud de corazón y tranquilidad en el vivir que, sin duda, también se debe a la protección del apóstol San Bartolomé, en algunos escritos Natanael y de la dinastía de Ptolomeo, que, además de patrón de modistillas y de los que trabajan con cueros, he dicho con cueros, no en cueros, y pieles, también se le describe como sanador de convulsiones, crisis espasmódicas y, en general, enfermedades nerviosas.

En estos momentos de crisis en que algunos convecinos pueden estar pasando por dificultades, es cuando ese ánimo tranquilo y esa hospitalidad han de ser una seña de identidad de este municipio.

Por ello, seamos, como siempre, acogedores con los forasteros y solidarios con nuestros vecinos que más lo necesitan.

A ustedes, que son los auténticos protagonistas de estas fiestas, disfruten, diviértanse, sean felices y no cambien; sigan siendo las buenas personas que siempre han sido las gentes de San Bartolomé.

Muchas gracias por su atención.

Francisco Gutiérrez Riquelme

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