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2013

volverPREGÓN DE LAS FIESTAS DE  “SAN BARTOLOMÉ ” 2013

Por   JUANA SAAVEDRA UMPIÉRREZ

Muy buenas noches. Ilustrísimas autoridades convecinos, visitantes y amigos todos. Bienven2013-Juana Saavedraidos y alegres todos los aquí presentes, sin olvidar a los ausentes, bien por no poder asistir, o aquellos seres queridos que ya nos han precedido.

Con sorpresa, gratitud, y cierta dosis de riesgo, sabiendo el gran reto y responsabilidad que me esperaba, recibí la invitación que me hizo la concejala de Festejos para ser la pregonera de estas fiestas, a quien desde aquí le doy las gracias.

No es mi intención aburrirles con un relato largo sobre la historia del pueblo que nos acerca y une hasta aquí hoy y ahora, sino compartir con todos ustedes vivencias y alegrías, en torno a esta nueva ocasión que nos ofrecen las fiestas.

Los pregones, como los cuentos de hadas, son mucho más bellos cuando se dicen en voz alta y se relatan con sencillez.

En este andar rápido por el tiempo, llegan mis primeros recuerdos. Llegué de Mácher a este encantador pueblo de San Bartolomé en 1971 (hace 42 años). Viví en el seno de una familia numerosa de nueve hermanos con mis padres, mis abuelos y el tío soltero, al que cariñosamente le llamábamos tío Pepe. Desde niña participé en todos los quehaceres de la iglesia, en las novenas de mayo, en el portal, los ranchos de Pascuas, en el grupo de teatro que actualmente sigue imaginando otros mundos sobre el escenario.

Pero con gran celeridad me sentí acogida e integrada en esta villa que nos une, me sentí querida y arropada desde el primer momento, y pronto pude participar en los eventos de este pueblo embrujado. Les abrí también mi corazón y el cariño permanece en todo mí ser.

Haciendo un relato breve de mi vida en la aldea, siempre estuve dispuesta a colaborar con los distintos colectivos e iniciativas sociales. Petanca, playback, murga, carrozas, catequesis, teatros, etc. Y hoy en día deseo seguir formando parte en la vida artística y cultural del municipio. Me siento muy satisfecha y debo agradecerles la oportunidad de agitar la varita mágica en todos los eventos de las fiestas de San Bartolomé.

A mi barrio le llaman el Jable. Me impresionó mucho ese nombre. Jable, jable…esa arena amarillenta y dorada como una fina joya.

Recuerdo mis primeros amaneceres frente a la imponente y esbelta Montaña Mina, llena de neblinas grisáceas y pardas que se van aclarando lentamente, dando luz a un nuevo día, y ese jable que vuela rabioso e implacable en los días ventosos azotando el cuerpo del labrador y dejando su cara magullada, mientras arrodillado en el suelo con su cabeza agachada y el sudor en su frente, intenta plantar las ramas de la batata que resbalan de sus manos en la larga ladera, para pasado unos meses recoger el fruto de esta tierra seca, volcánica y cubierta de un velo claro y brillante.

Tenemos que estar muy agradecidos a ese gran cultivo de la batata que, aunque yo no lo recuerde, allá por los años 40, junto con el gofio, fuera uno de los principales sustentos para que muchísima gente pudiera sobrevivir y hacer cumplir sus sueños.

Un recuerdo muy especial al campesino y a su esfuerzo y trabajo en el campo, como bien reflejó en el hermoso Monumento a la Fertilidad de Mozaga nuestro siempre querido y recordado gran artista universal, César Manrique.

Es misión de una pregonera resaltar a su Patrón y considero también misión de la misma apostar por la juventud, tesoro hermoso que cuando pasa queda el recuerdo y la nostalgia de un tiempo ya muy lejano. Apostar por esos jóvenes, sobre todo en estos tiempos donde falta la magia, el trabajo escasea y abunda la desazón ante un futuro incierto.

Decirles que no se desanimen, que sigan adelante, que estudien, que se preparen para otros tiempos mejores que estoy segura que vendrán. Que se impliquen en el deporte, en el folclore, la música, el teatro, en todos los actos culturales de este pueblo, que son muchos, que no pasen por la vida sin sentir su burbujeo, que cuando sean mayores puedan sentarse en un tronco de la plaza o simplemente encima de una pared de piedra y relatarles a sus nietos y a sus amigos los cuentos y anécdotas que vivieron en su juventud. Que miren al firmamento, a las estrellas y a la purpurina de la vida, que tanto les ofrece. Que se paren y disfruten del momento, que le saquen jugo a ese cuento maravilloso que es su existencia.

Desde aquí les doy ánimo, fuerza y optimismo. Todos juntos formamos un gran pueblo, una gran comunidad. Somos los protagonistas de ésta, nuestra historia. Y, en colectividad, como pueblo, nos ayudamos para seguir adelante y progresar con alegría y muchas sonrisas.

Con mi varita mágica deseo enviarles también un cariñoso saludo y un recuerdo muy entrañable a las personas mayores de San Bartolomé, que tantas veces nos han honrado con su presencia en los actos que se celebran y que con ello han contribuido a darle realce y esplendor, sin olvidar nunca a todos aquellos que lo viven desde casa. Por todo ello, gracias, muchas gracias a todos, y que sean muy felices.

También quiero tener un especial recuerdo para don José María Gil, esa gran persona que llegó a Lanzarote y que tanto hizo en San Bartolomé por el folclore y el teatro. Con ese sorondongo único en Canarias creado por su portentosa imaginación y que él dedicó a los dos sectores más importantes que existían en la isla: la agricultura la pesca. Cuando le dice al labrador en aquella estrofa del sorondongo que no se preocupe, que siga adelante y no pierda la ilusión, “que con gofio y pejines nada faltaría”, y al marinero, con eso de calaportal, “te mando pa’rriba, pa’que las repartas entre la “Familia”. Son palabras sabias que salen del corazón y llegan al alma.

Memorias también para doña Eulogia González, don Marcial de León, los Corujo con su inquietud musical, Doña Lola Ferrer y tantas otras personas que han dejado su huella en la historia del municipio.

Quiero además sin recordar algo tan relevante en San Bartolomé como es la Sociedad El Porvenir que, junto a la Unión Sur de Tías, fueron dos puntos referentes y muy importantes en la isla allá por los años 60, cuando todos los sábados y domingos se reunía gente de todos los pagos sin dejar uno atrás, cuando tantas parejas de novios se formaron a la luz del cielo decorado por otros planetas y seres celestiales.

Aquellos bailes de la Magdalena, la fiesta de la Luz, las noches del 31, con tanta fantasía y hechizo, donde las muchachas desplegaban todo su glamour luciendo sus mejores galas, brillos y peinados de peluquería, con aquellos moños italianos y de rococó; todas ilusionadas a ver si venían algunos forasteros y trincaban algún novio rico o que tuviera un buen oficio, que es lo que nos decían nuestras madres, y si era de los gorfines del puerto, pues mucho mejor.

Una fiesta es siempre un derroche de alegría, un momento para olvidarse de la rutina de cada día. La fiesta en sí misma es buena y necesaria; buena, porque si no, el mundo en el que vivimos no nos parecería un cuento de hadas y princesas; y necesaria porque en ella muchas personas consolidan relaciones de amistad y cordialidad.

Cuando hablamos de fiestas, siempre las relacionamos con diversión, jolgorio, ventorrillos, voladores y verbenas, pero no nos olvidemos de la gran celebración que representa la Función Religiosa en honor a nuestro santo patrón San Bartolomé. Es un acto conmemorativo de una grandeza cristiana para todos los creyentes. San Bartolomé, apóstol de Jesucristo, testigo y mártir, para que sepamos seguir su ejemplo como predicador.

Apremio a que unamos nuestras fuerzas y amor con compañerismo que nos conducirá tarde o temprano a las puertas del cielo donde estará esperándonos el perpetuo y querido San Bartolomé, que bajará en su majestuoso trono para salir en procesión por su pueblo, mientras muy bajito se escucha una plegaria o un rezo de sus fieles hasta subirlo al altar donde permanecerá en su morada hasta el próximo año.

Por último, les deseo a todos que pasen unas fiestas muy felices, con seducción, hechizo, encanto y fascinación. Y para conseguirlo, sólo tenemos que seguir nuestros sueños, respetar al prójimo y a nosotros mismos y abrir nuestros corazones al AMOR, a la PAZ, a la alegría y a la amistad.

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