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2016

volverPREGÓN DE LAS FIESTAS DE “SAN BARTOLOMÉ ” 2016

Por DOMINGO GARCÍA BETANCORT

 

 Buenas noches señoras, señores e ilustrísimas autoridades de este pueblo de San Bartolomé.

Antes de comen.zar este pregón quiero agradecer a la alcaldesa y concejales el haberse acordado de mí; que aunque en principio estuve medio reticente, al final acepté encantado. Al fin y al cabo este es el pueblo donde vivo y estos sondomingo Garcia- 2016 las vecinas y vecinos que me acogieron desde que me vine desde La Florida al centro del municipio, en 1961.

Nací en La Florida en 1934 siendo el segundo de once hermanos y el mayor de los varones.

De cuando era pequeño, recuerdo a Don Antonio Díaz, que tenía arrendado el Morro de don Paco, Tenía trabajando con él a algunos chicos que procedían de Tinajo; el día de Los Dolores les dio libre para que fueran a gozarse la fiesta; y Seño Bernardino Curbelo, que trabajaba para él, me dijo que si le llevaba la leche a Don Antonio a Testeina. Don Antonio tenía una burra muy buena para correr que se la compró a Seño Ventura; Yo fui corriendo todo el camino, la leche tuvo que llegar toda “mesía” en la lechera. Cuando ya venía de Testeina, por Masdache, por las cuatro esquinas donde se celebra la fiesta ele la Magdalena, oigo una pita, era Don Antonio que iba a una casa que tenía en Masdache abajo, me dice: “Dominguillo, no me corras la burra”, y yo como le tenía respeto y miedo le digo: “no señor”. Allí había unas chicas lavando en una pila y se rieron y a mí me dio mucha vergüenza. Después, cuando Don Antonio se fue, seguí corriendo para La Florida, pero me coloqué de lado a flor de mujer para mirar para atrás por si venía Don Antonio; pero no vino.

También era pequeño, cuando estuve en El Bebedero con mi primo Adrián, guardando las vacas. Había un montón de hierba a un lado de la cuadra y al otro lado estaba el trigo; mi primo estaba en el lado del trigo pendiente de que un toro no se lo comiera; las vacas se fueron a la hierba, él me dijo que las echara y como no le hice caso me dijo que yo me pusiera al lado del toro y él echaba las vacas. Yo no le tenía miedo, era pequeño y no sabía, el toro miró para mí y yo tranquilo, entonces me dio una morrada que me tiró al suelo, empecé a llorar, no me dejaba levantar. Gracias que vino mi primo. Después de eso les cogí mucho miedo a las vacas y a los toros. Nunca más me puse delante de ellos.
Desde chico me gustaba mucho el baile, al primer baile que fui fue a Masdache a un baile de timple y guitarra que se decía antes “Baile del Candil”. Después ya iba a los de Montaña Blanca, iba solo porque no había nadie más en la Florida; cuando ya volvía el camino era por medio de parras muy oscuro, yo era chiquillo, a veces, los pájaros que estaban en medio de las parras me hacían dar un salto como un baifo porque tenía miedo.

Más adelante, como no tenía edad no me dejaban entrar en la Sociedad de San Barlolomé, y me iba a Tao y a Tiagua. Ahí si tenía compañía porque iban los chicos de las Calderetas, Miguel el de Elisa, Pedro Morín, Miguel el hermano de Avelino y Avelino; para arriba íbamos caminando y para abajo veníamos en un taxi.
Aquí en San Bartolomé conocí mucha, mucha gente cuando estuve poniendo inyecciones y cuando estuve de cartero .Y cuando muchos vecinos del pueblo me avisaban para injertar y podar:

A poner inyecciones me enseñó mi mujer y las puse durante años hasta que ya vino el practicante al Centro de Salud del pueblo. Muchos venían a casa a pincharse y a otros se las ponía de paso que iba a repartir cartas después cuando empecé de cartero y sobre todo en las épocas de gripes.
Del tiempo de las inyecciones puedo contar algunas anécdotas, como cuando un pariente decía “chos pica” cuando lo pinchaba; o cuando un paisano del pueblo decía cuando ya estaba preparada la inyección: “que sea lo que Dios quiera”, y así muchas. En este tiempo las jeringuillas y las agujas no eran de usar y tirar, sino que la jeringuilla era de cristal y se hervían junto con las agujas.
Mi primer trabajo fue en la casa de Don Luis de viticultor, cuidando animales etc. Recuerdo que en el tiempo de la poda, el primer año que empecé mi padre vino a corregirme diciéndome que “así iba bien”.
Fue ya en el año 1973 cuando empecé como cartero de todo el municipio, o sea iba no solo al pueblo sino también a Montaña Blanca, Güime y La Calera, porque todavía no había muchas cartas. Por eso si en San Bartolomé preguntan por Domingo García, mucha gente no cae, pero si dicen Domingo el cartero, sobre la marcha se dan cuenta; y así ha quedado hasta hoy en día.
Ya pasados algunos años aumentó bastante la correspondencia, entonces ya no me tocaba repartir en San Bartolomé municipio. Para repartir iba en moto y pasé mis trabajos con perros sueltos de algunas casas donde iba. Yo no solía devolver las cartas aunque tuvieran la dirección mal, sino las guardaba en la maleta, les iba preguntando a los vecinos y así me decían la casa y ya las entregaba.
En el pueblo trabajé, también, en el antiguo cine de Don Daniel como portero y acomodador durante diez años aproximadamente. Una vez un niño ya mayor entró y no dio entrada, le pregunté que a quién se la había dado y me contesta que no sabía porque tenía los ojos cerrados, le dije que fuera a comprar la entrada y viniera con los ojos abiertos.
No quiero terminar sin dejar de nombrar a Juan Armas (Juan el de Don Polo), mi mejor amigo y compañero de viaje en la vida. En su compañía nunca he estado más de cinco minutos serio.
Habría veinte mil anécdotas de mi vida que contar por los abriles que ya tengo, pero se haría esto un poco pesado.

Me reitero en el agradecimiento, deseándoles unas felices fiestas.

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