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Pregón bicentenario de la Parroquia

PREGÓN DEL BICENTENARIO DE LA PARROQUIA DE SAN BARTOLOMÉ. 1796-1996

 Por   JUAN GIL CEJUDO

 PARROQUIA DE SAN BARTOLOMÉ: DOS SIGLOS

Este anuncio que hoy presentamos trata de ser un pequeño homenaje a la parroquia de San Juan GilBartolomé en su segundo centenario y, por tanto, también al pueblo que en 1.795 acogió a nuestra parroquia.

No voy a hacer un trabajo de historia, para lo que no tengo ni afición; ni capacidad. Sólo intentaré revivir algo de nuestra parroquia y de nuestro pueblo por medio de su reflejo en alguna” personas, cosas y anécdotas.

EL NOMBRE DE SAN BARTOLOMÉ

Era yo todavía pequeño cuando estuve en un acto que se celebraba en el antiguo Salón Díaz Pérez, de Arrecife, al que fue invitado don José Mª Gil con la rondalla que había organizado en el pueblo. En ella tocaba yo la bandurria, e hicimos nuestra actuación con la mejor voluntad posible.

Después habló un señor que quiso hacer una gran alabanza del pueblo de San Bartolomé y se le ocurrió decir esta frase: “San Bartolomé fue un obispo francés que trajo don Juan de Bethencourt cuando vino a Lanzarote”.

Hoy diríamos que a este buen señor “se le cruzaron los cables “, pues el Patrono de Arrecife es San Ginés, y éste sí que fue verdaderamente un obispo francés.

Lo cierto es que el conquistador don Juan de Bethencourt vino a Lanzarote a comienzos del siglo XV y no trajo a ningún obispo, pero sí a dos frailes, llamados Bontier y Le Verrier. Estos frailes contaban con un Catecismo resumido para enseñar lo principal del cristianismo a los pobladores de las Islas Canarias, y además” fueron cronistas de los hechos que pudieron ver de cerca.

Pero el verdadero Bartolomé, también conocido con el nombre de Nathanael, fue un apóstol de los doce que estuvieron con Jesucristo. El evangelista San Juan explica cómo fue el encuentro con el Señor.

El apóstol Felipe era amigo de Nathanael y le dijo a éste: ” ¡Hemos encontrado a aquél de quién hablaron Moisés y los profetas! ¡Es Jesús, hijo de José el de Nazareth! ” Nathanael le respondió: “¿De Nazaret puede salir algo bueno? “, Felipe no discutió, sino le dijo: ” Ven y lo verás”

Cuando el Señor vio a Nathanael dijo: ” He aquí un verdadero israelita en el que no hay engaño”. Le dice Nathanael: “¿De qué me conoces?”. Y le respondió Jesús: ” Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.”. Nathanael solamente pudo decir: ” Tú eres el hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel”

ALGO SOBRE LA IGLESIA DE SAN BARTOLOMÉ 

En la capilla llamada de las Ánimas hay un cuadro de gran tamaño, cuyo valor artístico ignoro, pero que vimos desde pequeños y se fijó en nuestra memoria como algo impresionante. Allí está representada la tristeza de la vida humana pero también la alegría y la esperanza de la vida eterna.iglesia

Muy triste era la tarde del Viernes Santo, y llegaba al extremo cuando al terminar el sermón de las Siete Palabras se oía en la sacristía un estampido que significaba la caída de la losa del sepulcro del Señor.

La noche del Viernes Santo acompañábamos a la imagen de la Virgen Dolorosa en la procesión de la Soledad, y esto nos acercaba un poco al sufrimiento de la madre de Jesús.

En el coro de la iglesia parroquial conocimos siempre un armonio y un órgano. Según datos de don José Hernández, el órgano fue comprado en Las Palmas de Gran Canaria el año 1.866. Siempre fue un testigo mudo, con su cuerpo más alto que ancho, situado en el centro del coro y un poco hacia atrás. Nunca le oímos ni el más mínimo sonido y se mantuvo sin alterar su misterio.

El armonio, mucho más modesto en su apariencia, fue comprado en Tinajo el año 1.887. Lo oímos toda la vida. El sochantre tocaba en él y cantaba la misa llamada de Fa Bordón, y después ya ensayamos la “Misa de Angelis ” y la ” Misa de Pío X “, con la colaboración del violín en los días solemnes.

En ocasión de las fiestas de San Antonio, en Güime, y de Mª Auxiliadora, en Montaña Blanca, descolgaban el armonio con unas sogas por la baranda del coro para trasladarlo a la ermita correspondiente.

Con los cambios en la liturgia el coro ha perdido toda la importancia que antes tenía y su papel está ahora en la parte anterior de la iglesia, cerca del presbiterio. Pero su aspecto sí está ahora muy bien cuidado.

EL RELOJ DE SAN BARTOLOMÉ 

La del reloj es una historia al revés y luego veremos cómo sucedió.

Don Javier Perdomo Méndez nació en San Bartolomé en el barrio de Las Calderetas, y se embarcó hacia Argentina en la primera década de este siglo. Allá le fue muy bien y obtuvo una fortuna imprelojortante Después vino a Las Palmas de Gran Canaria y se hizo un hermoso chalet en Ciudad Jardín junto al colegio de los Padres Salesianos. En este chalet está instalada actualmente la Cruz Roja.

Don José Mª Gil mantenía una buena amistad con don Javier Perdomo y un día le dijo: ” Don Javier, usted debería dejar un recuerdo a San Bartolomé, su pueblo” La respuesta inmediata de don Javier fue ésta: ” Dígalo usted mismo”. Don José Mª iba preparado y enseguida declaró su petición: “Un reloj para la iglesia de San Bartolomé”. Y el reloj vino a nuestro pueblo.

Pero no se había contado con que la altura del campanario no era suficiente, y hubo que esperar a que se construyera la torre del Ayuntamiento para poder instalarlo. Esto sucedió entre los años 1.965 Y 1.967, siendo alcalde don Manuel Bermúdez.

El reloj estuvo bajo el cuidado de don José Mª Gil durante unos quince años. Por eso dijimos que la del reloj es una historia al revés, puesto que primero se compró el reloj y después se construyó la torre.

Digamos también que existe una placa con la fecha del año l.951 en la que figura el nombre de don Francisco Javier Perdomo Méndez como donante del reloj a la parroquia de San Bartolomé.

LAS CAMPANAS

Son unos testigos muy activos en la vida de la Parroquia. La campana grande se rompió hacia el comienzo de los años treinta de este siglo, no sabemos si por algún defecto de fabricación o por un campanasentusiasmo exagerado en el repique. Entonces se mandó fuera, la fundieron, y con el mismo material se hizo otra campana que se colocó donde estaba la antigua. Para que las notas de la campana grande y de la pequeña afinaran bien, se le dio a la fundición la nota de la primera, que corresponde al Re de la tercera cuerda del violín o de la mandolina, mientras que la nota de la pequeña es la de Sol, o sea, dos tonos y medio más alta que el sonido de la mayor. Con esto se consiguió un afinado perfecto.

Vale la pena poner atención al repique de las campanas de San Bartolomé, pues son de las que tienen unos sonidos más alegres, más claros y más brillantes. Son conocidos los distintos toques: el de la oración con campanadas grandes y luego pequeñas: el de difuntos, llamado “doble”: el de anuncio de fuego con campanadas grandes repetidas sin parar: el de la misa no solemne, con una serie de campanadas pequeñas seguida de una, dos o tres campanadas grandes, según anuncien primera, segunda o tercera. Y una mención especial merece el toque en las misas solemnes: son tres repiques con intervalos de media hora y señalados al final de cada toque por una, dos o tres campanadas grandes. Después de la tercera siguen las llamadas” campanaditas”. Estas son una serie de campanadas pequeñas anunciando que la misa empezará en un cuarto de hora, y todavía momentos antes del comienzo de la misa sale un monaguillo a la puerta de la iglesia tocando una campanilla para que entren los hombres, que antes se situaban en la parte de atrás, cerca de la entrada.

Tristes, alegres, temerosas, campanas de San Bartolomé, transmisoras unas veces de tristeza o de temor y otras veces de alegría contagiosa.

Campanas de San Bartolomé, gracias.

LOS CEMENTERIOS

Como era antes habitual en muchos pueblos, el cementerio viejo de San Bartolomé estcementerioaba situado al lado de la iglesia parroquial, donde ahora está el salón o teatro. La entrada era por la parte de atrás de la iglesia.

El cementerio nuevo se construyó en un sitio llamado Piedra Hincada que está entre San Bartolomé y Güime y fue bendecido hacia el año 1.927.

 UN ENTIERRO ALGO ESPECIAL  

Entre los años 1.922 y 1.925 hubo aquí un cura llamado don Antonio Collado.

Cuando había un entierro, los hombres que venían de Güime. Montaña Blanca o El Islote traían sus burritos y se ponían en la parte de atrás de la comitiva, llevándolos cogidos por las bridas. Así, después de terminar el entierro, cada uno se iba a su casa montado en su burrito.

El hecho que vamos a referir fue presenciado por un señor que nos contó con detalle lo sucedido aquel día de hace más de setenta años.

Estando de cura en la parroquia don Antonio Collado, hubo un entierro que se desarrollaba con toda normalidad hasta que en un momento determinado empezó el sochantre a entonar el responso por los difuntos, con toda la solemnidad y la seriedad propias del caso. Era el impresionante “dies irae dies illaa calamitatis et miseriae dum veneris iudicare secululm per ignem ” (“aquel día, día de calamidad y de miseria, cuando vengas a juzgar el mundo por el fuego”).

Como en otros entierros, detrás iban unos cuantos burritos con las riendas en manos de sus dueños. Y apenas empezó a cantar el sochantre se pusieron a rebuznar los burritos todos a una, como si un director de orquesta les hubiera dado la señal de entrada para cantar en el concierto. El señor cura, don Antonio, se volvió hacia atrás, hacia el sitio de donde venían aquellas voces tan poco corrientes en un entierro, y dijo: ” Parece mentira que ustedes le hagan esto a un amigo”.

UN CURA DE SAN BARTOLOMÉ: DON VÍCTOR SAN MARTÍN  

Según oí decir alguna vez, don Víctor procedía de la provincia de Logroño, hoy comunidad de La Rioja, y había hecho algunos estudios superiores a los del Seminario.

Vino a San Bartolomé el año 1.925 encontrándose una parroquia con una situación difícilVictor. Antes había estado en Fuerteventura y allí conoció a don Miguel de Unamuno, que estaba en dicha isla desterrado por motivos políticos, y con él tuvo una buena amistad. Digamos de paso que nunca presumió de esta amistad. Parece también que cuando murió don Víctor, en San Bartolomé, el año 1.951, desaparecieron unas cartas que le había dirigido don Miguel.

Si quisiéramos resumir la personalidad de don Víctor a través de los veintiséis años que fue párroco de San Bartolomé, lo podríamos decir con estas palabras: fue inteligente, pobre y humilde.

Las personas que vivieron esta época y la recuerdan conocieron muy bien la pobreza que había en Lanzarote y cuanta gente tuvo que emigrar para buscar una tierra en la que fuera posible subsistir. Don Víctor no desentonó en absoluto del tiempo que le tocó vivir en nuestro pueblo. Y que fue inteligente nos consta a quienes pudimos tratado y tener amistad con él.

Y ya en el terreno de los recuerdos personales, nos hacía gracia verlo montado en un burrito para ir a decir misa a Güime o a Montaña Blanca, y nos impresionaba siempre su forma de dar la mano al saludar, con lo que transmitía una gran con fianza.

Pero el recuerdo más fuerte es el de su palabra explicando el Evangelio en la misa. Se entregaba completamente a lo que decía y. si poníamos un poco de atención, nos hacía vivir seriamente los hechos del Evangelio. Así se comprende que en una ocasión le oyéramos decir que las “cosas de la religión “, o sea, de nuestra relación con Dios, y por tanto también de nuestra relación con los demás “había que saborearlas”. Quería decir que era necesario mirarlas con calma y no pasar sobre ellas a toda prisa. Ahora que está terminando el siglo y tanto corremos, a veces sin saber bien para qué, no estaría de más pensar un poco en las palabras de don Víctor, que recordamos cuarenta y cinco años después de su muerte.

Puede ser una impresión personal, pero pocas veces he oído comentar el Evangelio como él lo hacía. Especialmente se me quedó grabada su imagen y su palabra un día que explicaba la primera multiplicación de los panes y los peces. Este episodio se encuentra en los cuatro evangelistas pero sólo Mateo y Marcos dicen expresamente que el señor sintió compasión de aquella muchedumbre que le seguía, y don Víctor repetía las palabras en latín” Misereor super turbam”,”me da compasión de esta gente “. “Misereor super turbam”

Don Víctor sufría mucho porque no le veía un resultado patente a su trabajo en la Parroquia. Así se lo manifestó alguna vez a su buen amigo don José Mª Gil, y éste lo animaba diciéndole que hiciera lo que pudiera, pero que el efecto deseado no dependía de él sino de Dios. Don José Mª conocía a San Pablo y parece como si en aquellos momentos le estuviera leyendo al don Víctor la primera carta a los Corintios, en la que dice San Pablo, cuando se refiere a la propagación de la semilla del Evangelio: ” Yo planté, Apolo regó, pero fue Dios quien dio el crecimiento”

Y no se puede hablar de don Víctor sin nombrar a dos colaboradores habituales de la parroquia y que, cada uno por su parte hizo un papel importante en ella. Se trata de Rafael el sochantre y Rafael el sacristán. De Rafael el sochantre se decía que aprendió a tocar el armonio y a cantar la misa y los demás cantos de la iglesia con un cura que estuvo antes de don Víctor. Lo recordamos sobre todo cantando los responsos por los difuntos, por la misa llamada en “Fa Bordón” y también por el entusiasmo que ponía dándole a los pedales del armonio.

A Rafael el sacristán lo recordamos siempre muy serio, sobre todo cuando llevaba la cruz abriendo la comitiva en los entierros y en las procesiones.

EL RANCHO DE PASCUAS

Ya dijimos al comienzo que don José Mil Gil organizó en San Bartolomé una rondalla. En ésta tocaba él el violín, y había chicos desde nueve quince o dieciséis años, de los cuales sólo algunos sabían solfeo, En conjunto había dos bandurrias, dos laúdes y tres guitarras y además del violín.

Antes hubo algún pequeño Rancho de Pascuas pero tomó más importancia cuando se formó a partir de esta rondalla. Luego se le añadió el timple, un triángulo, un pandero, una espada y unas castañuelas y va, en unión de los cantadores, quedó completo el Rancho.

Las piezas del Rancho estaban formadas por las coplas que cantaba el solista y un estribillo que cantábamos todos. El primer verso del estribillo le daba el nombre a la pieza. De esto recordamos:

Venid pastorcillos
venid a adorar
que el Rey de los Cielos
ha nacido ya.
Y luego seguía el resto de las coplas.

Otras piezas comenzaban con estos versos:

El Mesías prometido
reinará en eterno siglo.

O también:

María de gracia llena
Reina del cielo y la tierra.

Aparte de esto se tocaba el ” Santo Domingo “, peto me parece que no se cantaba.

Un recuerdo especial merece el señor “Juan Jariano”, lIamado así porque procedía del pueblo de Haría. Su apellido era Corujo y tuvo muchos descendientes con especiales aptitudes para la música, tanto en instrumentos como en el canto. OirIe cantar el “venid pastorcillos” era saborear un gusto muy especial de las Navidades, saliéndole a veces los versos como gritos. Al que no lo oyó cantar, es muy difícil ayudarle con nuestras palabras a imaginar con qué sentimiento y entrega cantaba este hombre. Nos contentamos con tratar de revivir su recuerdo.

Su hijo Domingo heredó sus cualidades y el Rancho de Pascuas se mantuvo a gran altura. Para mí, Domingo Corujo fue un gran hombre dentro de su humildad y su sencillez.

Siguiendo con las Navidades, hay que recordar las Misas de Luz, en las que tuve ocasión de participar una vez en la década de los treinta.

Las Misas de Luz se celebraban diariamente Jurante los nueve días anteriores a la Navidad. La misa empezaba en plena madrugada y se salía de la iglesia cuando ya amanecía. Ni chicos ni grandes tenían pereza para responder a la llamada de las campanas, aunque a esas horas se sintiera bastante el frío y la humedad de San Bartolomé.

En las Misas de Luz tocaba y cantaba el Rancho todos los días. Antes de comenzar la misa el Rancho se reunía en un cuarto que estaba detrás de la sacristía y allí se afinaban los instrumentos y se ponían a punto.

Quién recuerde estas cosas, seguramente revivirá la alegría de toda la gente que participaba en ella ya fuera oyendo o colaborando en el Rancho de Pascuas o cantando villancicos.

Y aprovechando los recuerdos alegres de las Misas de Luz, de los villancicos y de los Ranchos de Pascuas, nos vamos acercando al final de este anuncio.

No puedo dejar de dar las gracias a nuestra Parroquia en mi nombre y en el de muchas personas a las cuales me tomo la libertad de representar en este momento, pues aquí recibimos los sacramentos del bautismo, la confirmación, a penitencia, la comunión y el matrimonio. Los que ya no están con nosotros recibieron también el sacramento de la unción. Creo que tenemos motivos para ser agradecidos. Y deseamos un futuro feliz a nuestro pueblo y a nuestra Parroquia, para que ésta pueda celebrar dentro de cien años su tercer centenario, al que podrá asistir un niño que nazca estos días, se desarrolle y, viva cien años. A este niño imaginario le pedimos que transmita un abrazo cariñoso a las generaciones que han de venir.

Parroquia de San Bartolomé, gracias.

San Bartolomé a 12 de abril 1 996

Juan Gil Cejudo

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