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2006

volverPREGÓN DE LAS FIESTAS DE  “PLAYA HONDA” 2006

         Por   GENARA Mª CABRERA PERDOMO

El ser pregonera de las fiestas de Playa Honda es una situación difícil y comprometida pero al mismo tiempo me siento muy agradecida y muy honrada por esta muestra de aprecio y confianza del Sr. Alcalde.

Buscando en los recuerdos de mi lejana niñez, vivida y gozada en esta playa, he experimentado una serie de sentimientos que analizados con la serenidad de la madurez no puedo sino decir: en aquella niñez “vivimos un paraíso de libertad”.

Este paraíso carecía de todo, de todo lo que hoy llamamos comodidad y servicios.

El agua potable se llevaba en barricas, cuando se terminaba había que traerla de los aljibes de los llanos de “Guasimeta”, cerca del aeropuerto. Incluso el “prelavado” de la loza se hacía en los charcos de la marea para gastar menos agua al lavarlos en casa con jabón.

Toda la ropa más usada es la que se guardaba para la playa, según se rompía se quemaba, de esta forma no había que lavarla y se ahorraba agua. O según los colores de la misma, se aprovechaba para hacer traperas. Esto era lo que hoy llamamos “reciclar asignatura casi obligatoria en los colegios pero sin practicarse en la mayoría de los casos.

No había luz eléctrica, ésta solo existía en Arrecife y escasamente unas horas, en 1.956 se amplió el horario de luz en cuatro horas más. Las velas y los quinqués nos hacían su oficio.

Para la comida también había solución, se llevaba un cofre de pan bizcochado, cuando queríamos tomarlo blando, lo remojábamos con agua.

Para la leche y los huevos, se llevaban las cabras y las gallinas también de veraneo. Se llevaba: los granos de la cosecha, el arroz, manteca y un poco de aceite porque escaseaba en aquellos tiempos. El resto nos lo proporcionaba el mar, así pasábamos tres meses, hasta las vísperas del día de los difuntos.

La gente menuda nos poníamos el bañador según nos levantábamos y a gozar. Todos los médanos, todas las marismas, los charcos, las conchas y todos los riscos desde “La Bufona” hasta “La Tiñosa” eran Nuestros. Recalco el nuestro con mayúscula porque en ese basto territorio no había nada ni nadie. Todo los deshechos que el mar arrojaba a las orillas y encontrábamos en las correrías, de la mañana hasta la noche, eran nuestros Juguetes y tesoros. La libertad de la que gozábamos era absoluta. El único que nos orientaba en la hora era el “pastor” de un enorme rebaño de cabras. Cuando iba de Arrecife hacia “Los Llanos”, las doce y cuando regresaba, las cinco.

Los días de viento Sur y tormenta eran una bendición, ¡había olas grandes!, mayores y pequeños salíamos en marea llena a “coger” las olas, como si fuéramos surferos sin tablas quedábamos varados en la orilla igual que peces muertos arrojados por el mar.

Los días de mareas grandes teníamos mucha tarea. A marea baja, tempranito, ayudábamos a las madres a recoger almejas de una valva, levantábamos las piedras grandes y medianas pero con el cuidado de depositarias como mismo estaban. Luego más a la pedrera de la orilla, cogíamos los cangrejos para pescar viejas. La abundancia era espectacular. Para los pulpos había un especialista, éste los traía del tamaño que se les pidiera y a la hora que fuese.

A medio día todo el mundo hacía un alto en lo que estuviese haciendo, llegaba “un avión”. Era un espectáculo verlo aterrizar, las polvaredas de tierra que levantaba eran inmensas y el ruido ensordecedor. No llegaba ‘todos los días, poco a poco fueron viniendo más a menudo hasta que en 1.957 se concluyó el edificio de la terminal del aeropuerto y entonces el avión venía todos los días. Este edificio conserva la estructura de aquella época y actualmente está acondicionado como un coqueto museo aeronaval.

La curiosidad, la fantasía nos podían, nos poníamos guapas y con los zapatos en la mano emprendíamos el camino para llegar a tiempo de ver a la gente que llegaba en el avión, a los pilotos, al jefe del aeropuerto ya los que allí trabajaban, aquella terminal se convirtió en un club social.

En los atardeceres que no podíamos jugar a las cartas porque los mayores las estaban usando, nuestra distracción era hacer perrerías, cuanto más gordas, “mejor”. Llenábamos de jable las escupideras y las dejábamos bien puestas debajo de las camas. Escondíamos las almohadas dentro de los nidos de ametralladoras y tapábamos la entrada con aulagas.

Habíamos oído que el Parador aumentaba la capacidad a cuarenta camas porque venían grupos de extranjeros franceses. Entonces dos chicos se vestían de señoritas y venían caminando por el jable “chancleteando” con los tacones de sus madres. Se armaba un revuelo porque nunca se habla visto ningún extraño por estos lugares y menos mujeres hasta que se descubría la identidad de los mozos.

A finales de esta década, una mañana de siroco vimos venir del cielo una gran nube negra que cada vez se acercaba más a la playa con un ruido muy ronco, cuando llegó se abrió en millones de saltamontes. Pasamos miedo pero llegó un momento que éramos expertos cazadores de “langostas” para pincharlas con alfileres a ver quien tenía más.

A partir de los años sesenta empiezan a venir veraneantes de Arrecife, de San Bartolomé, cada vez más, luego viene la fiebre de construir la casita de veraneo, luego el apartamento, para alquilar y más tarde la explosión del volcán turístico y demográfico. Playa Honda se convirtió en el sito deseado para habitar ya que está a tiro de piedra de los enclaves turísticos que primero se desarrollaron en la isla.

En el periodo de cuarenta años, Playa Honda ha dado un paso de gigante a la modernidad en todos los aspectos. En otros lugares este paso en la historia tarda en darse, siglos. El poder de adaptación y de aglutinamiento en un territorio tan limitado a tan vasta población, procedente de más de treinta nacionalidades de los cinco continentes, ha sido extraordinario.

En cuarenta años, dotar de todos los servicios que necesita una población de más de13.000 habitantes y con los medios tan escasos, fue una tarea titánica que llevó a cabo el Ayuntamiento más modesto de la isla.

Santa Elena es la patrona de Playa Honda y creo que la personalidad de la Santa tiene mucha similitud con la idiosincrasia de este lugar.

En época de los romanos, esta mujer tuvo un hijo llamado Constantino que sin proponérselo llegó a ser rey. Constantino quería muchísimo a su madre porque había sido v repudiada por su padre, para éste ocupar un alto cargo en el gobierno. Era tan dadivosa y hacía tanto bien a los necesitados que Constantino, convertido ya en rey, decidió darle parte de los bienes del reino para que ella siguiera socorriendo a sus súbditos, al mismo tiempo que lograba la libertad de los cristianos.

Playa Honda en este momento nos está ofreciendo unas fiestas de cariñosa acogida, con muchos actos, para que todos disfrutemos y participemos como parte de ella que somos.

Brindemos con el vino de la tierra y despidamos este verano con la mayor felicidad y los mejores propósitos.

¡¡Felicidades!!

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