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Montaña Blanca (1)

volverJosé Hernández González

Fuente: Programa de Fiestas de Montaña  Blanca  2007

El nombre se le otorga por la montaña que abriga este enclave. Esta zona fue en su tiempo un amplio territorio denominado Montaña Blanca de Chimida.

Montaña Blanca se encuentra “entre montañas” siendo un caserío de pintoresca estampa. Este paisaje y lugar hasta hace poco tiempo producía nada más mirarlo gusto y extraordinario deleite. A pesar de todo, aún se conserva virgen y ese paisaje que se nos aparece en lo alto y cuanto nuestra vista puede abarcar, está sumamente claro, y la materia se perfila con la misma e idéntica pureza que hay arriba, en el cielo, porque en él está su blanca ermita que antoja una mota en este infinito cielo azul de Lanzarote.

Mirando papeles históricos testamentos y legajos, sabemos que a finales del Siglo XVI, el Marqués de Lanzarote, Don Agustín Herrera y Rojas, concedió merced a Don Luis Aday Perdomo Jiménez de la mitad del termino de Montaña Blanca de Chimida, que perteneció a Isabel Jiménez y a Luis de Aday sus bisabuelos, según partición que realizaron Lorenzo Ruiz y Luis Aday “El Viejo”. Esta merced sería ratificada años más tarde, por la Marquesa de Lanzarote.

El topónimo Chimida es para contraponerlo a otra Montaña Blanca, la de Los Perdomos de Tinajo que proviene de una importante familia  asentada en esta zona de San Bartolomé  desde el Siglo XVI.

El propietario más antiguo fue Don Pedro Chemyda, padre de Don Francisco Chemyda, dueño de un término en esta misma zona y de Güime el Viejo.

Su población fue relativamente escasa. En 1733 en los Sinodales del Obispo Davila se cifran en 14 los vecinos, en 1772 son 8 de los que sólo tienen edades entre los 12 y 60 años. En 1776, el número desciende a 4 vecinos. Es decir que en el Siglo XVIII vio disminuir su población.

A mitad del Siglo XIX, había propietarios con muy buenas viviendas, los unos asentados en Montaña Blanca y otros en casas de temporada y se nombran los siguientes:

Don Manuel Medina.
Doña Maria Dolores Álvarez de Arata.
Don José de Medinilla, parte de una casa con su suegra Doña Rosalía de Castro, por herencia de su padre Don Ginés de Castro y Álvarez, primer Alcalde de Arrecife.
Don Antonio Mota, venido de Fuerteventura.
Don Antonio Reyes García, vecino que fue de San Bartolomé.
Don Antonio Berriel.
Don Agustín Batista.
Don Carlos Caraballo, vecino que fue de Teguise en el Caserío de Mozaga y casado en Montaña Blanca.
Don Francisco Martín.
Don Julián Rivero.
Don José Lubary y Balzan, que había llegado a Lanzarote procedente de la Isla de Malta y se afincó en Montaña Blanca por Matrimonio con Doña María Barreto y Castro.

En la Montaña de Guaticea y saliendo hacia Masdache se encuentra la Casa de Los Arroyos. Don Domingo Arroyo se asentó allí tras matrimonio con Doña María Félix Ortiz de Lara, propietaria de la finca. Él había llegado de La Orotava, en la Isla de Tenerife.

En el año de 1857 Don Pedro Ortiz de Lara, hermano de la antedicha señora, reclama como suya la Montaña de Guaticea, oponiéndose a las pretensiones de los vecinos de usarla como dehesas. Ésta fue a lo largo de cuatro siglos Montaña Blanca.

La montaña de Guaticea aparece citada en un documento de principios del Siglo XX. Un vecino de Güime Don José Bermúdez Hernández donó un solar para construir una gran Mareta donde recoger las aguas de lluvia. Esta Mareta se termina a finales de los años cuarenta del pasado siglo, siendo alcalde de San Bartolomé Don Blas Ferrer Díaz, llevando con una gran tubería el agua hasta el casco de San Bartolomé.

Con este alcalde también se abre al culto la ermita de Maria Auxiliadora que, como ya dije, está en lo alto del pueblo.

Esta ermita tiene una sola nave. Su estructura es de piedra y barro revestida de cal,  con elementos de pintura gris que decoran la fachada y laterales. Presenta portada de madera en arco de medio punto con óculo sobre la misma. Finalmente, una pequeña espadaña y una cruz dan sentido a la fe de un pueblo.

Fe hacia Maria, Auxilio de los Cristianos, Reina y Señora de Montaña Blanca. La Santísima Virgen con el Cetro del Poder en la mano derecha y en sus brazos a su Divino Hijo. Devoción antiquísima entre cuyos santuarios se encuentra el Internacional de Turín en Italia.

También en otro pueblo como éste de Montaña Blanca, Fontanales en Gran Canaria, hay una gran devoción a la misma Señora. En él una viejecita, Doña Felipa o Felipita como se la conoce, ha dedicado su vida, su tiempo y su poco dinero a propagar y poner en todas las calles y barrios de dicho lugar pequeñas capillas donde está la Madre de Dios en su advocación de Auxiliadora. Desde aquí y en las vísperas de las Fiestas de Montaña Blanca quiero hermanarlos a Ustedes con dicha señora, donde va también mi admiración y reconocimiento.

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