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Playa Honda en el recuerdo

volverPOR ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL

Fuente: Programa de Fiestas de Playa Honda 2003

En el Archivo Histórico Municipal de San Bartolomé se conserva un buen número de grabaciones con entrevistas de historia oral. Gracias a ellas podemos recuperar eventos y sensaciones del pasado, podemos entrar en la experiencia individuaPlaya-1l, la vida cotidiana, las diferentes formas de vivir y de recordar lo vivido de los protagonistas de la historia.

Entre estas grabaciones hemos seleccionado tres retazos de vida muy relacionados con el devenir de Playa Honda. Los recuerdos de Don Juan Espinosa, Doña Fermina Díaz y Don Servando Pérez sirven para ejemplificar tres momentos, tres instantes de la evolución del lugar.

Don Juan Espinosa “el curita” es, sin lugar a dudas, uno de los referentes humanos más importantes de la vieja Playa Honda. No en vano ya empezó a vivir aquí desde la década de los treinta y tuvo su casita de la arena cuando no había sino alguna construcción a su lado y la casa amarilla en la lontananza.

Además Don Juan es un referente porque representa el modo tradicional de aprovechar la zona costera. Durante muchos años, antes de que llegaran las edificaciones apremiantes, tuvo ganado suelto y sobre todo practicó la pesca de litoral. Fue de aquellos que conocían perfectamente el medio marino, la ubicación de los pesqueros, y que pasaban los días en sus falúas, tirando y recogiendo nasas, o en la orilla, limpiando y escamando, vendiendo el pescado abundante.

Doña Fermina Díaz, aunque nacida en el corazón de Arrecife, es una de las personas que mejor conoce el desarrollo de Playa Honda. No en vano su familia fue dueña de una gran propiedad agrícola que se extendía en la zona. Además ellos formaron parte de aquel primer grupo de personas que habilitaron varios almacenes y casitas para veranear. Situadas en la confluencia de la calle Princesa Ico y la Avenida tuvieron como acompañantes a las familias de don Juan Armas, don José Cabrera, don Marcial Arroyo, don Andrés Hernández, don Francisco y don Sebastián Martín o los Ferrer.

Alrededor de este núcleo inicial se desarrolló una Playa Honda muy familiar. Una Playa Honda de puertas abiertas, de gentes que conversaban y se divertían sobre la arena, de fiestas con divertidos e imaginativos juegos.

Don Servando Pérez, en fin, formó parte de la primera avalancha de personas que, en los años ochenta, decidieron fijar su residencia en la costa del municipio. Eran momentos de crecimiento rápido y especulativo, de falta de planificación y control en la ejecución, de acumulación de problemas de toda índole que hicieron que él, y un grupo de conciudadanos agrupados en la Asociación de Vecinos Princesa Ico, intentaran buscar las posibles mejoras.

Pedían una Playa Honda habitable, con colegios e institutos; una buena cobertura sanitaria y farmacéutica; algún centro donde reunirse; parques públicos y canchas deportivas; una oficina municipal; un transporte público más eficiente; calles asfaltadas y solares limpios; o una red completa de saneamiento y alcantarillado, luz y teléfono.

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