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Bartolo el celador

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Por Archivo Histórico Municipal

Bartolo el celador, entró a formar parte de la historia de San Bartolomé por su oficio de vigilante, prestando sus servicios desde enero de 1924, aunque hasta 1929 no se le reconoce como personal de la Corporación Municipal de San Bartolomé (acta sesión 2 de febrero de 1929)*, convirtiéndose e Bartolon un personaje ligado al cumplimiento de las ordenanzas y demás disposiciones municipales.

Nació en 1887 y murió a los 92 años. Ejerció de celador sin agendas ni ordenadores. Su cabeza le bastaba para, con rigor, comunicar el parte diario. La responsabilidad le hacía dar detalles de lo acontecido con total precisión. Poco fue a la escuela, pero no por ello, dejó de ejercer con profesionalidad, valiéndose de su talante conciliador y prodigiosa memoria.

Hombre animoso, fornido, enérgico, de alta estatura, semblante serio, tez morena y manos fuertes. Todavía se le recuerda llevando consigo el arma reglamentaria, su inseparable vara de regular dimensiones y buena calidad, se decía de membrillo, simbolizando la autoridad de este defensor del orden. Pocas veces tuvo que utilizarla, con su presencia ya imponía respeto y disciplina. Bartolo cumplió sobradamente con su oficio velando por el cumplimiento de la ley. En ocasiones tuvo que mediar en riñas, cuando se organizaban bailes en casas particulares o en alguna proyección de cine de la época. Puso paz muchas veces en pequeñas desavenencias juveniles por incumplimiento de horarios, no guardar el turno para acceder a la sala de baile, por la ingesta de alcohol y contiendas similares, ocasionando perturbación y escándalo público. Tenía potestad para detener y arrestar a quien no acatara lo establecido, así como poner en libertad al que consideraba que ya habían cumplido el tiempo correccional. El respeto por las reglas y el cumplimiento de las ordenanzas eran sus principales funciones.

Un recuerdo generalizado era su compromiso participando activamente en la realización de los censos agro-pecuarios, por ser un gran conocedor del campo, dando referencias de nombres y apellidos así como de los enclaves con su respectivo topónimo del paraje.

Estampa habitual era verlo desde muy temprano con báculo en mano, al lado del aljibe de la Plaza, controlando la venta de agua para el consumo diario de los vecinos, hombres y mujeres ataviados con barriles (de aceitunas), garrafones y algún que otro recipiente, dada la pertinaz sequía y escasez del líquido elemento. Su uniforme constaba de casaca, pantalón de color gris y gorra de plato, las botas aunque eran marrones, no se les definía el color porque siempre las llevaba empolvadas. No en vano, su recorrido diario era de varios kilómetros por veredas y caminos polvorientos cumpliendo con el deber de salvaguardar las propiedades públicas y privadas. Hombre de buen asiento y reputación entre los vecinos, cuidando y protegiendo como suyo lo que era de los demás.

En época de matanza del cerdo, que se hacían en domicilios particulares para el consumo familiar, era usual ver a Bartolo como acompañante del veterinario para realizar el análisis correspondiente a las muestras de carne y garantizar la salubridad. Lo primero que se probaba del animal eran las orejas por lo que este representante de la autoridad, esperaba pacientemente a que llegara el momento de la invitación, siempre decía “lo mejor del cerdo, las orejas”.

En el año 1975 con motivo rotular las calles sin señalar, los vecinos proponen a modo de distinción, darle el nombre de Bartolomé Martín a la calle en la que vivió este centinela, para dejar constancia y rendirle tributo a su valía profesional, por una trayectoria laboral de muchos años de dedicación y entrega como guardián de la seguridad en los lugares públicos, además de fiel y estricto cumplidor de los servicios encomendados. Es por lo que la Corporación Municipal procede a inscribir dicho vial con su nombre.

San Bartolomé no puede olvidar a aquellas personas que han formado parte de su historia, por humanidad y labor en beneficio de toda la colectividad. Valga como homenaje a esos oficios que poco a poco se han ido profesionalizando, pero que en su momento trabajaron por la sociedad y seguridad municipal.archivo

*Comisión Municipal Permanente celebrada el día 2 de febrero de 1929 dice así – se observa que el Guardia Municipal de este Ayuntamiento Don Bartolomé Martin Martín no consta su nombramiento en ninguna de las actas levantadas por esta Corporación desde el 21 de enero de mil novecientos veinticuatro que empezó dicho funcionario a prestar sus servicios a este Municipio; por lo cual esta Permanente subsana el error omitido por la Corporación que ejercía en la fecha aludida, haciendo constar que desde aquella fecha ha venido desempeñando como Guardia Municipal 1º, quedando consolidado su nombramiento por esta Corporación..

ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL

 

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