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D. Victor San Martín Garrido

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Por   JOSÉ HERNÁNDEZ GONZÁLEZ 

Fuente: Programa de Fiestas de San Bartolomé  2009

Fue un gran amigo de mi padre y, nos honrábamos con su amistad, ya que muchas mañanas al salir de celebrar el Santo Sacrificio de la Misa, después de desayunar leche y las galletas que le llevaba Doña Amalia Cruz a la sacristía, pasaba por la “venta” que teníamos en la calle Rubicón. Además le estaré eternamente agradecido, pues me hizo cristiano en la Pila de nuestra parroquia y me preparó para la Primera Eucaristía y el fortaleciente en la fe con la Confirmación.

“De Fuerteventura a París” de Don Miguel de Unamuno, nombra entre sus amigos a Don Víctor San Martín.

Para los jóvenes de hoy aquí en San Bartolomé se preguntarán ¿Quién fue el Párroco de San Bartolomé, Don Víctor San Martín? Sobre todo al pasar por la calle paralela a la Iglesia que  empieza en la Plaza y termina en la calle Calderetas y lleva su nombre. Victor

Nació el 28 de Julio de 1883, en Anguta, que era un pago de Bagañón, La Rioja, hoy desaparecido. Sus Padres fueron Benigno y María Anastasia.

Entró en el Seminario Menor que tenían los Claretianos en Santo Domingo de la Calzada con 13 años, fue novicio de dicha congregación en 1900 e hizo su profesión en 1901. Estudió Filosofía y Teología en Cervera provincia de Lérida. Regresando más tarde a Santo Domingo de La Calzada. Fue Ordenado Sacerdote en la Catedral de Palencia el 10 de Junio 1911.

Después de ordenado Sacerdote fue destinado a Segovia, pasando luego a la Diócesis de Ciudad Rodrigo, en el año de 1916 estaba destinado en la Castellana ciudad de Zamora.

Hasta 1918 pertenece a la Provincia Eclesiástica de Castilla, allí sus superiores le pierden la pista.
El 1 de Junio de 1919 llega a Canarias en Las Palmas el Obispo Marquina, le encarga la Parroquia de Santa Ana en Casilla del Ángel (Fuerteventura) más tarde fue incardinado a la Diócesis de Canarias y el Rubicón, tres años más tarde en 1922, el Obispo Mártir el Dr. Serra y Sucarra le nombra Párroco de Nuestra Señora de Rosario en Puerto de Cabras, capital de Fuerteventura.

En dicha Parroquia estuvo Don Víctor hasta el mes de Agosto de 1925 en que el 15 de ese mismo mes y año en las vísperas de nuestras fiestas patronales recala por San Bartolomé de Lanzarote.

En “El diario Las Palmas del 14 de septiembre de 1925 dice así: “Ha hecho viaje a Lanzarote para incorporarse a la Parroquia de San Bartolomé el hasta ahora párroco de Puerto de Cabras Don Víctor San Martín Garrido siendo sustituido por Don José Ramírez”

En los años que estuvo en San Bartolomé nunca habló ni presumió de su amistad con Don Miguel de Unamuno y mira que en esta nuestra Parroquia estuvo 26 años. Don Juan Gil Cejudo dice de Don Víctor “si quisiéramos resumir su personalidad en estos años de pastor de San Bartolomé lo podríamos decir con estas palabras: fue inteligente, pobre y humilde. Pero el recuerdo más fuerte es el de su palabra, explicando el Evangelio en la misa. Se entregaba completamente a lo que decía y si poníamos un poco de atención, nos hacia vivir seriamente los hechos del Evangelio” reloj

Las personas que vivieron esa época y le recuerdan, conocieron muy bien la pobreza que había en Lanzarote y cuanta gente tuvo que emigrar en busca de una vida mejor. Don Víctor no desentonó en absoluto el tiempo que le tocó vivir en nuestro pueblo.

Participó además de la vida religiosa del pueblo, también en su vida cultural, política y social. Fue unos de los fundadores de la Sociedad El Porvenir, a él se le debe el nombre, en una época difícil para la convivencia del pueblo participó en la vida pública siendo Alcalde por espacio de un mes.

Tiene muchas anécdotas en su larga estancia como Párroco del pueblo, el visitar por las mañanas a la salida de la misa tempranera, a las tiendas, zapaterías, herrerías y otros negocios del pueblo antes de llegar a la casa parroquial, era afable y gran conversador muy abierto y cordial estaba presente en todos los eventos, bodas, bautizos etc. a todos honraba con su presencia, compartiendo mesa con todos ellos.

Cuando la guerra civil española los mozos del pueblo estaban esperando en la plaza para trasladarse al muelle para viajar a la península fue a despedirse de cada uno de ellos y les dio 25 pesetas, que muchos que eran casados fueron a llevárselas a su mujer pues no dejaban dinero ninguno en la casa.

Durante la contienda del 36 al 39 al tener radio iba a su casa todo el pueblo para oír el “parte de guerra” muchas veces él lo copiaba y se lo mandaba a otros compañeros sacerdotes que no tenían radio ni periódicos.

Su casa era de todos los pobres del pueblo lo mismo que las dos aljibes que tenía en el patio de la casa parroquial.

De los recuerdos míos son las catequesis, la celebración de los 25 años de Párroco en San Bartolomé en el día de San Bartolomé de 1950, el día del Corpus del anterior Junio donde dijo la homilía sentado, pues hacía poco tiempo que había salido del hospital de los Dolores de Arrecife donde todo el pueblo de San Bartolomé pasó a verle.

Don Agustín de la Hoz en su libro Lanzarote dice así “porque don Víctor, siendo de aguda y amplia inteligencia, supo, como los bienaventurados, renunciar a brillantes perspectivas intelectuales y escaños eclesiásticos. Don Víctor San Martín fue un pobre cabal, y como tal cumplía su vocación. Don Víctor tuvo cordiales contactos con don Miguel Unamuno a quien trato en Fuerteventura. Cuando el Rector de Salamanca entró en “su ” España, desde Hendaya, lo primero que hizo fue telegrafiar su júbilo al alcalde de Puerto de Cabras (Fuerteventura) y al eximio don Víctor. No se enfrió esa amistad nacida en el destierro del pensador español, porque continuaron escribiéndose muy a menudo”.

Recuerdo su entierro el 3 de Febrero de 1951 en féretro descubierto con el cáliz entre las manos y vestido con los ornamentos sacerdotales, el alcalde del momento Don Blas Ferrer Díaz presidió el duelo, pues nos llevaron a todos los niños de la escuela con los maestros al frente de nosotros. En un artículo escrito por Don Antonio Lorenzo Martín habla de ello “Cuando yo chico me impresionaba el tamaño de sus zapatos; ya un poco mayor, su cuerpo en ataúd descubierto en procesión a la Iglesia del pueblo; y hoy me emociona pensar en su concepto evangélico de la humildad y pobreza. Creo que era vasco y, de vez en cuando, empleaba para denominar a sus monaguillo, palabras que seguramente eran usuales en su tierra; y tenia apellido de guerrero, pero las únicas batallas que ganó fueron contra la ignorancia y la incuria”.

El certificado de defunción que hay en el libro de Difuntos Folio 173 número 4 dice así “En la Iglesia Parroquial del Apóstol San Bartolomé Diócesis de Canarias y Provincia de Las Palmas, a dos de Febrero de mil novecientos cincuenta y uno; el infrascrito Don Lorenzo Aguiar Molina, Cura Encargado de la misma mandé a dar sepultura eclesiástica, al cadáver de Don Víctor San Martín Garrido Presbítero, Cura Ecónomo que fue de estay, que falleció el día de ayer a las veinte horas, en la Casa Parroquial de esta, de sesenta y siete años a consecuencia de anemia agudísima según certificación facultativa. Era el finado natural de Logroño, hijo de Benigno San Martín y Anastasia Garrido. Recibió los Sacramentos de la Penitencia; Viático y Extremaunción. No testó.

Fueron testigos el Muy Ilustre Señor Arcipreste y demás Sacerdotes de la Isla.

De que, como Cura Encargado certifico.

Firmado: Ramón Falcón

Está firmado por Don Ramón Falcón pues al estar una parroquia sin párroco cuando llega el nuevo suele repasar y firmar por si algo ha faltado.

Don Víctor Martín Garrido

 

Nuestro admirado periodista “Güito” en el Periódico de “La Falange” del día 20 de Febrero de 1951; dice así:

LANZAROTE, HA MUERTO UN GRAN SACERDOTE. ARRECIFE.

(Crónica de nuestro corresponsal, GÜITO)

“En San Bartolomé ha dejado de existir recientemente el Párroco de dicho pueblo Don Víctor San Martín Garrido. Una afección de estómago acabo con su vida a los 67años.

Aunque nacido en Navarra, Don Víctor fue siempre un “conejero ” de pura cepa, pues no en vano llevaba cerca de treinta años residiendo entre nosotros. Por eso consideraba a Lanzarote como algo suyo habiendo hecho por ella,, todo lo que humanamente posible pudo hacer por un pueblo. El profundo agradecimiento de la isla quedo patentizado en esa imponente masa de ciudadanos que acudió al acto de su entierro, que por su espontánea naturalidad y sencillez, resultó en extremo solemne y grandioso.

No puedo citar aquí brillantes datos biográficos de Don Víctor porque sinceramente no los tiene. Su vida pobre, y sencilla como su propia alma, no tuvo resonancia fuera del ámbito insular a pesar del extraordinario talento y recia personalidad Y es que Don Víctor, todo un dechado de perfecciones, prefirió enterrarse entre las blancas y chatas casas de su querido San Bartolomé derramando hasta por sus más apartados rincones el inagotable caudal de su sencillez y de su caridad. Don Víctor era un rosario de virtudes. Afable, campechano, humilde, bueno y generoso, se quitaba el pan de la boca para repartirlo con el hermano. Por eso el más calificado incrédulo le apreciaba y le consideraba. Yo, tuve la dicha de convivir con él durante varios años, puedo atestiguar la maravillosa sencillez y generosidad de ese santo. Nunca olvidaré el día que tuvo que pedir un plato de potaje a un vecino amigo, pus todo lo repartía. En su caja no hubo nunca un remanente para poder afrontar futuras necesidades.

Victor1 Se cuenta que en cierta ocasión murió en San Bartolomé, una anciana que aunque muy pobre era una autentica cristiana. Don Víctor le ofreció con todos los honores un enterramiento de primera clase, por supuesto sin cobrar honorarios, y cuando se percató de la escasez de concurrencia en el entierro, él mismo llevó a hombros la caja que contenía su cadáver queriendo rendir así un último homenaje a aquella egregia dama.

En otra ocasión en que un modesto obrero bautizaba uno de sus muchos hijos no sólo no esperó que le abonase el importe del bautizo sino que le entregó un billete de veinticinco pesetas.

Cuando momentos antes de morir una última hemorragia empapó de sangre su camisa, no encontraron otra para sustituirla. El fallecimiento de Don Víctor coincidió con la celebración de importantes fiestas locales. Pues bien, todo el pueblo, sin excepción, vistió de riguroso luto y no se llevó a cabo ninguna manifestación de diversión pública hasta después de celebrados los funerales, a la que por cierto asistió todo el clero de la isla, que ha llorado sinceramente la desaparición de tan ejemplar compañero.

Sirvan estas modestias líneas de sincero y sentido homenaje a la memoria del pobre Don Víctor cuya cima estará ya gozando de la bienaventuranza eterna. Por él pedimos a todos una humilde oración”

Esta es la crónica del periódico La Falange, cuyo corresponsal era D. Guillermo Cabrera, él le conoció bien pues estuvo por los años cuarenta de Maestro de San Bartolomé.

Es este artículo un pequeño homenaje a quien fue el párroco que muchos de nosotros hemos tenido de niño, y muchos de estos recuerdos se nos amontonan a llegar a mayores.

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