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Dña. Balbina Cruz González en el recuerdo

volverPor Margarita Machín Rocío

Fuente: Programa de las Fiestas de San Bartolome 2010

         Doña  Balbina  Cruz González, popularmente conocida como “Seña Balbina la partera” nace en   Mozaga  el día 31 de marzo de 1884    en el seno de una familia  numerosa.  A la edad de  20 años,   casó con don  Eusebio Corujo Brito, y  desde entonces, fijó  la residencia en San Bartolomé hasta su fallecimiBalbinaento, el  9 de julio de 1965.

       Esta reseña histórica, pretende realzar la figura de una mujer que llena de humanidad  dedicó su vida a los demás, entregándose de lleno al ejercicio de su vocación, y atendiendo con verdadero cariño a sus vecinos enfermos.

       ¿De qué manera y con qué palabras, poder expresar la importancia de esta figura histórica de tanto valor para los vecinos de este pueblo?. ¿Cómo desgranar su legado, para ensalzar de manera adecuada la figura admirable a la que nos une afecto por su enorme dedicación?

        La historia de San Bartolomé se ha escrito con el tesón, la constancia y el esfuerzo  de  sus vecinos,  por lo que, valga este pequeño homenaje  para cada uno de ellos que han  contribuido  de alguna manera  a que la vida en este lugar sea cada día mejor, y a que seamos como pueblo, grande y admirado.

      En cualquier parte y en  cada época existen personas conocidas por todos, por lo que al recordarlas y escribir sobre ellas dejamos constancia de  las mismas. Justo es que se sepa de su generosidad  y su compromiso social. La figura de esta vecina debe ocupar un lugar destacado en la historia de la localidad porque  pasó toda su vida  visitando enfermos, aliviando dolores y salvando de la muerte a muchos seres. ¡Tenemos tanto que agradecerle!. Siempre se le recordará por sus virtudes humanas, como mujer bondadosa y sencilla.

     Seña Balbina la partera, desde que enviudó, siempre  vestía de negro,   tocada con un pañuelo  de  nudo largo anudado  al cuello, imagen que se  recuerda con nitidez.  Señora con una personalidad cordial, semblante serio por las preocupaciones pero amable por su entrega a los demás, callada, y atenta siempre. Doña Balbina, a su manera vivió una vida sencilla, volcada en el servicio a aquellas personas que la necesitaban, pero colmada por la labor que realizaba.

       El legado social y humano que  nos ha dejado es digno de reseñar.  Mujer de enorme valía como destacan  todas aquellas personas que la conocieron. Grande en todos los sentidos, y tan sencilla. De todos es conocido los servicios prestados al municipio incluso se extiende a nivel insular. Si se le requería en el punto más alejado de la Isla  allí estaba presta para atender a una parturienta y, si el  alumbramiento se complicaba,   el desplazamiento    le suponía  permanecer varios días  fuera de su casa, lo hacía con gusto, la mayor parte de las veces  sólo disponía  como medio de transporte, un animal de carga para soportar los trayectos  largos.

     Dedicó toda su vida  a hacer el bien a sus vecinos, mujer de  profunda convicción  religiosa que, siempre anteponía el servicio a los demás al suyo propio. Realizó la labor de comadrona más de 40  años  en el municipio y sus  alrededores, como curandera, tareas de cocina,  e incluso  amortajaba  a los difuntos que  fallecían en sus propias casas…

      Si de algo presumió  hasta el final de sus días en su larga y dilatada trayectoria   laboral  era  no tener que lamentar la pérdida de vida alguna en las asistencias de los momentos del parto.

     Las vicisitudes  de aquella época agravada por las penurias económicas y el aislamiento, hizo que el trabajo la desbordara, ya que lo mismo atendía un parto que a un niño con dolor de oídos, fiebre, o una torcedura, quemadura… “tenía una solución natural para todo”,  se las ingeniaba utilizando los remedios populares para el tratamiento y el alivio de las  enfermedades que se le  presentaban.  Dotada de magnifico ingenio y de clara visión de las situaciones,  por lo que se acudía a ella  en los momentos de desesperación,  dando  por hecho el alivio a su mal. Siempre tenía un gesto cariñoso, una palabra de ánimo, una frase de consuelo.

    Nunca puso precio a su trabajo,   no era lo suyo, en ocasiones cuando se trataba de una situación precaria  llevaba desde su casa  las sábanas blancas e inmaculadas  para atender a aquella  parturienta que sabía de antemano que no iba a recibir nada a cambio, sólo la gratitud y el deber a los demás. Humilde, laboriosa, desinteresada,  atendiendo a  todos por igual,  se le recordará como una  persona virtuosa, entrañable y cordial  rebosaba en generosidad y amabilidad.  Siempre puesta y dispuesta a prestar ayuda a quien  solicitaba de sus servicios.

     Hasta mayor seguía manteniendo su prestigio en materia de salud, conocedora de las propiedades de las  hierbas  y su transformación en bálsamos y productos medicinales. Llegó  a desarrollar  estos servicios basados en  tratamientos con productos de la tierra, gracias a sus propiedades  terapéuticas, su poder cicatrizante y calmantes supuso un elemento importante para los diferentes tratamientos que, sin contar con  formación académica,  compaginando  experiencia e  intuición supo aplicar  tan sabiamente y muchas vidas  salvar. ¡El Santiguado  de buena fe que consiste en hacer el bien a los demás para que se les devuelva la salud, si Dios lo permite!.  Tiene un cierto encanto ingenuo y emotivo,  es una invocación en el que se emplean  palabras y símbolos santos,   una práctica muy arraigada  no sólo en las gentes sencillas sino aún entre personas  acomodadas  socialmente. Cabe señalar  que su labor fue reconocida tras muchos años de experiencia   por parte de profesionales en la medicina y autoridades en el mundo de la política,  desde Madrid se dio la orden  de enviarle  paquetes que contenían leche, harinas como complemento en la alimentación de los niños,   desinfectantes para el cordón umbilical de los recién nacidos  y alguna que otra  medicina  para   que con más  recursos y mejores medios  continuara  en la labor de atender  a sus pacientes.

     Cuando   se anunciaba la  visita a San Bartolomé de alguna  personalidad del mundo de la  política, militar  o eclesiásticas a  doña Balbina se le requería  para el servicio culinario,  no sólo para su elaboración sino la  presentación y  puesta en la mesa. Sus  platos  eran los más sabrosos,  toque  especial, como todo lo que rodea en la vida de esta persona.

      Nos enorgullece  su  aportación  a este pueblo. Ha dejado una huella duradera en las vidas de todos  y siempre tendrá un lugar  de honor en nuestros recuerdos. Es muy importante evocar en estos días la vida y obra  de quien se caracterizó  por su capacidad de trabajo y por su labor sencilla pero muy necesaria. A muchos  de nuestros vecinos ya se les ha reconocido su labor pero otros esperan por ello, tal es el caso de esta  señora que nos ocupa.

     Al final de los  años 70  empieza a despuntar el  desarrollo cultural y  económico  del municipio, llega la luz eléctrica, asfaltado de calles y las rotulaciones nominales, y se decide poner,  Pío XII  a  la calle en la que doña Balbina,  vivió  y desarrolló  casi toda su vida por lo que esto produjo tal   descontento en  la vecindad por ser merecedora de que este vial lleve su nombre y  no haberla tenido en cuenta para tal  nominación. El amigo don Rafael Real de la Campa tomó la iniciativa  en representación de  los vecinos  formular  las quejas en el  Consistorio.  La Corporación  acepta la petición   y,  en Sesión  Plenaria de fecha 27 de mayo de 1985  se  acuerda cambiar  el rótulo  Pío  XII  por la actual nominación,  Seña Balbina.

    Pero, hay más.  San Bartolomé está tardando a nivel institucional en reconocer y premiar la gran labor desarrollada en este “su pueblo”. La obra de esta señora es un patrimonio cultural y seña de identidad  que nos pertenece a todos, siendo conscientes  de la importancia de mantener y divulgar  este legado por lo que esta Institución debe implicarse  en la recuperación de su memoria, no poniendo reparos  a un reconocimiento público por parte de  todos como figura relevante de este municipio.

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