RSS

Don Rafael de León Brito. Sacristán y zapatero.

volver

POR  ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL

                                             

Don Rafael de León Brito, sacristán por vocación y  zapatero de   profesión, nace en San Bartolomé el día 10 de octubre de 1910. Contrae matrimonio a los  19 años con doña Margarita Romero Lemes. Es llamado a filas y  cuando ya tenía  cinco hijos se incorpora a la Guerra Civil Española. Una vez finalizada la contienda regresa a San Bartolomé, etapa en la que retoma  vocación y trabajo, sacristán y zapatero, ejerciendo ambas ocupaciones hasta su fallecimiento el 3 de mayo de 1976. sacristan

¿Quién no recuerda al Sacristán?. Hombre alto, delgado,  muy sencillo,  amigo de sus amigos, serio y correcto en el trato. Siempre que se iba a visitar el templo, estaba allí, “era su segunda casa”, como acostumbraba a decir. Toda la comunidad sabía que podía contar con él para cualquier menester, tanto sobre asuntos religiosos como  para cualquier  otra necesidad. Las campanas de la torre marcaban las horas de los oficios y las de la vida doméstica. Nunca faltó al toque del Ángelus a las doce del mediodía señalando el almuerzo; el toque de Ánimas a las siete u ocho, dependiendo de la época, ordenaba la cena y rosario en familia.

Desde muy pequeño su vida estuvo vinculada a la iglesia de San Bartolomé. Con pocos años comienza su andadura como monaguillo y continúa la trayectoria a lo largo de toda su vida, convirtiéndose  desde adolescente en el Sacristán de la  Parroquia donde trabajó de lleno. Se ocupaba de tener  todo en orden y a punto para las celebraciones, procuraba  que todas las cosas estuvieran acomodadas en su sitio, cepilladas, limpias y listas para usarse. Las  vestiduras sagradas con las que el sacerdote se reviste de sus ornamentos: el amito, el alba, el cíngulo  para ajustarla, la estola, la casulla, la dalmática del color que corresponde a la liturgia del día, así como los objetos litúrgicos: el cáliz, purificador,  cubre cáliz,  corporales,  patena,  palia,  copón,  sagrario, el conopeo pieza blanca o del color litúrgico de la Eucaristía, el altar, la cruz, corporales, el misal,  candelabros etc., siempre todo a punto para su uso.

Los sábados, a las cinco de la mañana, el sacristán estaba presto para  dar  las campanadas que avisaban a los fieles del comienzo de la celebración de la misa. En  Semana Santa llevaba la cruz y  abría  la comitiva en  las  multitudinarias procesiones y  entierros, las novenas de mayo,  bautizos, bodas, la festividad de todos los Santos se pasaba  horas doblando las campanas, ¡cómo no recordar el  repique en las Fiestas Patronales¡.

Este Mayordomo de la Iglesia  era ante todo un creyente y fiel servidor público. Conocía a la perfección los horarios de las misas y de  dar las campanadas a tiempo: la primera, una hora antes; la segunda, a la media hora; y la tercera, en el momento de la celebración. Muy metódico, supervisaba todo y si algo faltaba, lo conseguía o avisaba para que se previera (vino, hostias, agua). Tenía aseado el presbiterio,  el altar y el ambón. Consultaba el calendario litúrgico para ver las características y preparar  así las lecturas del día, incluso dejaba abierto el leccionario por la página oportuna. Procuraba que ante el Santísimo estuviera la lámpara  encendida y  que cerca  del  Sagrario hubiera un vasito con agua para purificar los dedos, también estaba  atento para comunicarle al celebrante si la misa era aplicada por algún difunto, abría y cerraba puertas, controlaba a los monaguillos, etc. Cuando  moría algún vecino, a don Rafael se le requería para comunicarle el deceso, daba igual   el momento, lo mismo era a medianoche que al amanecer,  había que buscar los candelabros para el velatorio y era el sacristán  quien debía  proporcionarlos. De vez en cuando recibía algún estímulo, pero por lo general cabe señalar  que no lo hacía por paga.

Zapatero de profesión, su figura se le recuerda en el pequeño lugar de trabajo  ubicado en la calle Rubicón, la misma casa que hoy ocupan sus hijos y nietos. El mobiliario lo conformaban  los estantes  donde colocaba los utensilios de trabajo, sillas y bancos donde se sentaba la clientela; su imagen acomodada en la banqueta y ante él una pequeña mesa rectangular, algo baja y llena de útiles del oficio fácil de rememorar: leznas, chavetas,  pedazos de vidrio, agujas, hilos encerados con pasta de cerote, cajas y latas  llenas de betún; rodeado de botas, cintos con  hebillas sueltas a expensas de algún remache, cabestros, sandalias,  zapatillas, zapatos con  tacones sin tapas dañados por el mal estado de las calles esperando por unas nuevas, suelas agujeradas  y tiras rotas  por el  desgaste del uso de sus propietarios, cubriendo su delantera  con un delantal azul.

No se pueden olvidar  las tertulias  que se organizaban en el puesto de trabajo, era todo un espectáculo de armonía y buena convivencia, disfrutaba  hablando con sus visitantes pero, siempre  atento  sin descuidar  su labor. Cuando sus contertulios se iban, no quedaba tiempo para el aburrimiento. Como recurso amenizaba la tarea cantando la misa en latín o narrando el sermón de las siete  palabras, así pasaba el día echando medias suelas, poniendo tapas a los tacones o cosiendo descosidos. Al caer la  tarde su esposa doña Margarita aparecía por el umbral de la puerta con el humeante y oloroso café, no podía faltarle, pues decía, “que le levantaba el ánimo y que  era ante todo un reconstituyente”.

Tras más de treinta años de su fallecimiento sigue en la memoria viva  de muchas personas que aún muestran cariño y agradecimiento al carácter vocacional y a todo lo que esta persona significó. Con motivo de la restauración  y recuperación de la Iglesia de San Bartolomé, el profesor de artes plásticas  don Santiago Alemán Valls quiso generosamente colaborar  con la realización de las 14 Estaciones del  Vía-Crucis. Dicho trabajo fue elaborado bajo el impulso y el recuerdo a don Rafael el Sacristán, por los  muchos años que  cuidó  con amor y esmero este templo.

Como consecuencia, no hemos querido dejar pasar estas fechas  sin tener un recuerdo entrañable y de gratitud a modo de  homenaje para don Rafael de León  Brito, el Sacristán de la Iglesia de San Bartolomé, persona muy respetada y querida, así como trabajador incansable, prudente, al que no le gustaba perjudicar a nadie y eficaz en sus oficios. Es  uno de los vecinos  que no puede ni debe ser olvidado, su loable dedicación altruista  de sobra acreditada, está en la memoria  de todos los que vivimos en este municipio, esperando un reconocimiento institucional  por la tarea encomiable realizada y que aún está por llegar. Es  el recuerdo imborrable de conocimiento y vivencias que, con su  talante humanitario, paciencia y  buen hacer, nos ha dado una enorme lección de humildad, dedicación y entrega.  Este vecino nos ha dejado con su testimonio  la aportación de  una labor callada, pero muy necesaria  fomentando con ello la construcción de un lugar para vivir mejor.

Anuncios
 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: