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La molina de don Juan Armas

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Por Facundo Perdomo
Cronista Oficial

Fuente: Lancelot 07-03-2003- nº 1.024

El tiempo nunca espera a que uno conozca en su plenitud todo su bagaje histórico en su existencia y ese inconveniente le resta vestigios que completar en su plenitud para la verdad que la historia exige. Y en esa ausencia de lo estricto se halla aquella molina a la que quiero referirme. No obstante deseo esforzar mi memoria visual para dibucasa-molinojarla evocando los nombres de quienes le daban su finalidad molturadora.

La molina de Don Juan Armas era hermosa en la visión de esta localidad de San Bartolomé de Lanzarote. Era verdadero y gran velero aparejado de Clipper. Su velamen de gruesa y blanca lona era. La fuerza eólica empujando su aparatosa dimensión hacía que ésta rotara con la suficiencia y eficacia requeridas. Se hallaba en su base toda la maquinaria apartada con tolva y engranajes para hacer del millo, trigo o cebada ese elemental alimento de mucha gente: el gofio.

Para el lector de este artículo que no llegara a ver ese gran velero en tierra le invito a que se fije en el dibujo que lleva esa botella de dulce refresco que se llama clíper, porque tiene pintado un “CLIPPER” que le da nombre y figura. Pudo el poeta Rafael Alberti, de saberlo, completar su “Marinero en tierra” y, para ello contar con los vecinos de esta localidad, el señor Domingo González Rodríguez y los hermanos: Juan y Miguel Tejera Rodríguez, Patricio Tabares Rodríguez y, más tarde, a José Hernández que a su vez fue el primer industrial que pan cociera, no artesanal, en esta localidad. Y que se distribuyera por las “lojas” José Umpiérrez.

Interesante sería encontrar alguna postal o foto de este gran ausente de la invención humana. Y saber, para alimento nutritivo de la historia de este pueblo, la fecha de su inauguración. Mas yo creo que alguien, dado el simbolismo de dicha molina, tenga alguna estampa-visión de dicho acontecimiento, e incluso saber el nombre del técnico que obró tamaña molturadora para obtener substancia tan peculiar de nuestra gente marinera y labradora.

Aún nos quedan restos de su enclave en la calle de Rubicón de esta localidad, situación que orientó allá por la mitad de dicho sitio en el margen derecho que se acumula una larga construcción urbana donde Don Juan Armas tuvo a la vez un gran comercio de ultramarinos y tejidos.

 

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