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Recuerdos de Las Fiestas

volverPor Dña. María Teresa Martín Armas.

Doña María Teresa Martín Armas fue durante veinte años la Bibliotecaria de San Bartolomé. Gracias a su empeño se conformó, a finales de los setenta, la Biblioteca del municipio y se introdujo en la lectura y el saber a cientos de sus conciudadanos. Persona muy vinculada al pueblo y sus costumbres, de ágil memoria, rememora para nosotros sus recuerdos de las fiestas de San Bartolomé.Maria Teresa Martim

Antiguamente las fiestas de San Bartolomé se esperaban con una gran ilusión porque cambiaban por completo el discurrir cotidiano. Nuestro pueblo era un caserío pequeño, donde había mucha escasez, y durante esos días había nuevos colores, sabores, sonidos que invadían nuestras calles.

Todos los vecinos procurábamos lucir nuestras mejores galas: vestidos nuevos, comidas mejores, albeos de las casas, para honrar a nuestro patrono y a los familiares y visitantes. Recuerdo con gran nostalgia las comidas en casa de mis tías, y el recibimiento afectuoso de los parientes de otros pueblos.

El centro de las fiestas era la plaza. Allí se ubicaban los ventorrillos hechos de hoja de palma, y se celebraban los principales juegos, desfiles y competiciones. Participe en varios jurados, pero sobre todo recuerdo el discurrir de las carrozas. De hecho, el grupo de amigas, hicimos varias en casa de Inmaculada Bermúdez aludiendo en una ocasión un molino holandés y en otra el cuerno de la abundancia. Fueron bien acogidas y recibimos cariñosamente algunos premios con los que costeábamos divertidas excursiones a la Villa de Teguise con ocasión de la Nochebuena.

La iglesia era el eje de la festividad. Funciones principales, procesiones, impregnaban al pueblo de un cálido fervor religioso. Otro de los centros principales era La Sociedad El Porvenir. En sus estancias se celebraban los teatros, bailes y verbenas. Recuerdo las representaciones teatrales dirigidas por don José María Gil, doña Lola Ferrer, y doña Eulogia González y las animadas verbenas amenizadas por doña Pepita Sarmiento y otros músicos.

Estos dos elementos, iglesia y Sociedad El Porvenir, solieron convivir pacíficamente. Aún así, y para terminar, quiero recordar una desavenencia. A mediados del siglo XX el obispo había prohibido los bailes en ciertos días de fiesta. Si esto se incumplía, no salía la procesión. En una ocasión la Sociedad celebró el susodicho baile y el cura, don Ramón Falcón, y un grupo de fieles se presentaron delante de la Sociedad con algunas imágenes. Hubo enfrentamientos dialécticos y un cierto escándalo. Eran, por supuesto, otros tiempos.

 

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