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San Bartolomé de Ajey, un enfoque diferente (I)

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Por  Silvano CORUJO RODRÍGUEZ.
Presidente de la Asociación Cultural “Majadas de Mina”

Fuente: La Voz de Lanzarote.- Martes, 2 de julio de 2002

 El día 23 del pasado mes de mayo fue inaugurado el Archivo Histórico Municipal del pueblo de San Bartolomé. Desde aquí, mi mayor enhorabuena al Alcalde. D. Miguel Martín, y al Concejal de Cultura, D. Juan Antonio de la Hoz, verdadero impulsor del proyecto. Tuve el honor de ser invitado a pronunciar una Charla durante el acto. Se titulaba “San Bartolomé de Ajey, un enfoque diferente”. Desde esta tribuna trataré de resumir las ideas básicas que aquella tarde hice llegar a los concurrentes. Como ya indiqué en la referida Charla – Coloquio, la expresión “Aldea de Ajey” no es una expresión propia de los aborígenes de Lanzarote. Sin embargo, “Ajey”, a solas, sí es palabra que pertenece al vocabulario indígena lanzaroteño. Ajey es el nombre que los aborígenes, algunas veces, daban a una de las laderas de un valle, a la más situada a sotavento. Es semejante a la palabra indígena majorera “Ajajey”, que significa lo mismo. En la época aborigen el viento, en las islas orientales, era también factor determinante. Considerando el valle situado entre Guatisea y Montaña Mina, Ajey correspondería al lado más próximo a la primera, hacia las laderas de los Morros. El otro lado del valle corresponde a la zona conocida por los indígenas lanzaroteños como Emine, zona que, como cuenta Viera y Clavijo en sus Noticias, fue donada por el Marqués don Agustín de Herrera y Rojas a D. Pedro Díaz por el año de 1580. El Dr. D. Gregorio Chil y Naranjo, en su obra Estudios, inducido quizás por el erudito Maximiano Aguilar, cita a Emine como si se tratara de una localidad. En los tiempos de Maximiano Aguilar, segunda mitad del XIX, había algunas casas en la zona oeste de Montaña Mina, lugar que nuestros bisabuelos llamaban “Cercados Viejos”. Realmente, Emine, contra lo supuesto por Chil y Naranjo, era para los aborígenes lanzaroteños el nombre de una zona, la ya referida anteriormente. Con la palabra Ajey nuestros ancestros no querían designar un poblado. Tal no existió. La expresión “Aldea de Ajey” es castellana y nació, aproximadamente, a mediados del siglo XVII para denominar al pequeño núcleo de población que germinó y creció en una zona conocida por el nombre indígena “Ajey”, en los alrededores de la primitiva ubicación de la ermita dedicada al Apóstol San Bartolomé. Por eso, con toda propiedad, este pequeño núcleo fue denominado la “Aldea de Ajey” por los españoles, en razón al lugar donde se encontraba. ¿En qué se basa este enfoque diferente, que a mucha gente, a fuerza de oír más de lo mismo, le puede sorprender?

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